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BIEN COMUN Godofredo Feder, influenciado por las doctrinas del economista Federico List, afirmaba que, frente al capitalismo que desea formar un Estado dentro del Estado, el objetivo del nacionalsocialismo es buscar que las finanzas estén al servicio de la comunidad. En el área


de la política social, Feder sentenciaba que el bien general debía ser la ley suprema de la economía nacional, porque las personas no están al servicio de la economía, sino que es la economía la que debe estar al servicio de las personas. Durante el Tercer Reich, se entendía que

el socialismo suponía que el beneficio de la colectividad estaba por encima del interés particular (Gemeinnutz geht vor Eigennutz) y, por tanto, el bienestar de la sociedad era más importante que las ambiciones de las élites financieras. Al Estado se le contemplaba como una gran

comunidad nacional y, por consiguiente, quien no sabía vivir en sociedad no sabía vivir en Estado, ni podía comprender el mismo concepto de Estado nacional. Así pues, la teoría económica del nacionalsocialismo se diferencia de la doctrina individual y cosmopolita del capitalismo,

comparando el comportamiento económico de un individuo con el de una nación. Un individuo promueve sólo sus propios intereses personales y egoístas, mientras que un Estado promueve el bienestar de todos sus ciudadanos. Un individuo puede prosperar a partir de las actividades que

perjudican los intereses de una nación. Por ejemplo, la esclavitud es una calamidad pública para un país, sin embargo, a algunas personas les puede ir financieramente muy bien en el ejercicio de la trata de esclavos y en la posesión de los mismos. De igual modo, actividades

beneficiosas para la sociedad podrían lesionar los intereses de ciertos individuos particulares. Por ejemplo, los canales y los ferrocarriles pueden ser muy beneficiosos para una nación, pero algunos profesionales, como los carreteros, se podrían sentir perjudicados y quejarse de

esta mejora. Es decir, cada nuevo invento puede tener algún inconveniente para cierto número de individuos y, no obstante, ser una bendición para el conjunto nacional. Por tanto, los estadistas económicos nacionalsocialistas tienen dos responsabilidades fundamentales en el

ejercicio de sus funciones, por un lado, el desarrollo productivo de la sociedad nacional y, por otro, el de las generaciones futuras. Normalmente, la mayor parte de la atención de los líderes capitalistas está ocupada por asuntos financieros de liquidez inmediata y no prestan

cuidado a que la verdadera riqueza de una nación es el desarrollo de su fuerza productiva, en lugar de sus valores de cambio actuales. Por ejemplo, la educación económica debe ser más importante que la producción inmediata de activos financieros y puede ser que sea más justo y

sensato, que una generación deba sacrificar sus beneficios económicos en provecho de las generaciones futuras. El resultado de un libre comercio globalizado, no sería una República universal, como los capitalistas proclaman, sino un eterno sometimiento de las naciones menos

avanzadas a aquellas que dominan el comercio internacional, porque el sistema capitalista no es un sistema industrial, sino un sistema mercantil basado en el valor de cambio. De esta manera, las naciones capitalistas controlan las posibilidades de progreso del resto de las

naciones, por tanto, para el político fascista, Enrique Corradini, el conflicto económico colectivo no se produce entre las diferentes clases sociales dentro de una misma nación, sino entre naciones capitalistas y naciones proletarias. El sistema proteccionista constituye el

único medio de poner a las naciones proletarias, como Italia y Alemania, en igualdad de condiciones con las naciones capitalistas, como Francia y Gran Bretaña, dado que el género humano está dividido en Estados independientes y una nación actuaría imprudentemente tratando de

promover el bienestar de las élites financieras internacionales a expensas del bienestar e independencia de su propia población. La nación, definida por sus instituciones soberanas, su religión, su ordenamiento jurídico y su política internacional a lo largo de la historia, está

situada entre el individuo y la humanidad, haciendo posible la seguridad, el bienestar y el progreso de los ciudadanos que la componen. En definitiva, para Feder, los intereses económicos privados,

como todos los demás, deben estar subordinados al mantenimiento, la realización y el fortalecimiento del Estado nacional. Fuentes: “Wikipedia” y “Metapedia”.