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¿Qué ocurriría si células cancerígenas fueran inyectadas en tu cuerpo? Eso mismo se preguntó un virólogo e investigador en 1954, por lo que decidió ponerlo en práctica en cientos de personas sin su consentimiento y sin informarles. Hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽


Chester M. Southam era un investigador clínico muy respetado en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center que estaba estudiando los aspectos inmunológicos en el cáncer y quería saber el modo en que el sistema inmunitario reaccionaba cuando se le exponía a células cancerígenas.


De esta manera podía matar dos pájaros de un tiro, ya que con estos resultados también sabría si existía algún riesgo de que los investigadores contrajeran cáncer por alguna exposición accidental, algo que le traía de cabeza.


¿Pero cómo podía convencer a alguien de que se inyectara células cancerígenas vivas en su cuerpo? Fácil: no diciéndoselo.


En 1954, 22 pacientes recibieron una inyección sin mencionar jamás la palabra "cáncer". Posteriormente, Southam justificó esta omisión afirmando que creía que no existía riesgo de que se desarrollase cáncer.


Además, decía que la palabra cáncer causaba reacciones "defensivas extrañas" en los pacientes, por lo cual la palabra fue omitida en su propio beneficio.


De esta manera, este hombre comprobó si sus pacientes podían desarrollar inmunidad contra el cáncer inyectándoles células cancerígenas sin su consentimiento, realizando ensayos en más de 600 personas y mintiendo a cada paciente sobre lo que en realidad estaba haciendo.


En 1963, fue denunciado por tres médicos a los que había acudido en busca de ayuda para continuar con sus experimentos, pero estos lo denunciaron a la justicia, siendo declarado culpable de fraude, engaño y conducta poco profesional.


A pesar de que sus ensayos fueron comparados con los realizados por los nazis, Southam llegó a ocupar puestos como el de presidente de la Asociación para la Investigación del Cáncer, jefe de Oncología del hospital Thomas Jefferson y profesor universitario de Medicina.


Cuando todo salió a la luz, un reportero le preguntó por qué no se había inyectado las células a sí mismo. Su respuesta nos da una idea de tipo de persona que era: "Existen pocos investigadores con mi talento en esta área y me pareció estúpido arriesgarme, aunque fuera un poco".


A pesar de que sus estudios fueron considerados una de las mayores aberraciones de la Medicina, valieron para descubrir, de una vez por todas, que no hay evidencia científica que demuestre que a una persona se le pueda implantar una enfermedad como el cáncer.


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