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FOLCLORE El romanticismo germano (Herder, Grimm, Schlegel, etc), que tanto influyó en la concepción patriótica del nacionalsocialismo, estableció, como criterio de la teoría filosófica del “Volksgeist”, conjuntamente con el idioma y la raza, la idea esencial del movimiento


“Volkisch” alemán denominado “volkstum”, es decir, la existencia de una costumbre, tradición o cultura racial histórica (folclore étnico), que llegó a ser un concepto nacionalista fundamental para determinar la identidad de un pueblo. El folclore, como acervo de costumbres

populares, supone la existencia de un patrimonio cultural heredado de un origen común y lo constituye el conjunto de artesanías, bailes, tradiciones, cuentos, leyendas, música, etc, propios de una comunidad concreta. Juan Herder se dedicó, por primera vez, a registrar y preservar

el folclore para documentar el auténtico espíritu, tradición e identidad del pueblo germano. Para el pensador alemán, las clases campesinas eran al mismo tiempo depositarias y guardianes del “genio popular”, que se modeló mediante el contacto de los hombres con la tierra y el

clima y que se transmitió de generación en generación, tanto oralmente como por escrito, en las epopeyas, cuentos y leyendas. Herder mantenía que cada pueblo posee su “genio” único y singular, que aparece como fundamento por excelencia del renacimiento cultural y que permitiría,

en el futuro, reunificar a los pueblos germánicos. Sobre los incentivos de Herder, los hermanos Grimm se comprometieron, como pioneros, con la enorme empresa de recopilar cuentos orales alemanes, para recuperar el carácter auténtico de una cultura nacional perdida por las élites

ilustradas germanas. El auge del Romanticismo durante el siglo XVIII había revivido el interés por la tradición de los cuentos orales, que en opinión de los Grimm y sus colegas representaban una forma pura de la cultura y la literatura nacionales. Los hermanos establecieron una

metodología para coleccionar y registrar por escrito historias populares que se convirtió en la base de los estudios del folclore. Entre la primera edición de 1812-1815 y la séptima y última de 1857, los Grimm revisaron su colección numerosas veces y la aumentaron de 157 a más de

200 cuentos. Además de recopilar y publicar estos cuentos, los hermanos reunieron leyendas alemanas. Individualmente, publicaron una gran cantidad de estudios lingüísticos y literarios, mientras que en colaboración comenzaron a trabajar en un ambicioso diccionario histórico

alemán, el “Deutsches Wörterbuch”, que dejaron incompleto a su muerte. Por ello, están considerados entre los fundadores de la filología alemana. También publicaron una selección comentada de romances españoles titulada “Silva de Romances Viejos”. Las investigaciones eruditas

realizadas por los hermanos Grimm tomaron otro cariz cuando Prusia fue invadida y ocupada por el ejército napoleónico. En 1810, la obra, “Discursos a la Nación Alemana” del filósofo idealista Juan Amadeo Fichte, reforzó la corriente nacional y popular, que fue la encargada de

organizar la resistencia alemana contra los franceses. Así, en 1812 publicaron la primera serie de cuentos tradicionales, que denominaron auténticamente alemanes. Rápidamente, la iniciativa de los hermanos Grimm fue imitada en toda Europa y a partir del siglo XIX, se emprendió la

labor de educar a los pueblos en su propio folclore. En sus inicios, ellos nunca se consideraron escritores para niños, sino folcloristas patrióticos. Alemania, en la época de los hermanos Grimm, había sido invadida por los ejércitos de Napoleón y el nuevo gobierno pretendía

suprimir la cultura local del viejo régimen feudal germano. Durante las décadas de 1930 y 1940, sus cuentos fueron usados como propaganda patriótica por la Alemania nacionalsocialista. Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta 1948 estuvo prohibida la venta de los cuentos de los

hermanos Grimm en la zona de ocupación británica, ya que los ingleses los consideraban como una prueba de la presunta maldad de los alemanes durante la guerra. Fuente: “Wikipedia”.