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AGRICULTURA NACIONALSOCIALISTA El ministro de Agricultura alemán, Ricardo Walther Darré, consideraba que todas las naciones del mundo habían tenido un origen agrícola y que esta labor había fraguado el amor de una comunidad a la propia tierra, había forjado su carácter y había


asentado sus raíces. Esta sacralización romántica de la tierra alemana por parte de los nacionalsocialistas, tuvo como consecuencia una reinterpretación de la propiedad agraria alejada del concepto individualista del capitalismo. De acuerdo con esta doctrina, la tierra no debía

ser considerada como una simple mercancía, sino que estaba unida indisolublemente al pueblo alemán que sobre ella habitaba con fuertes sentimientos de honor y dignidad. Por tanto, los nacionalsocialistas interpretaban que la tierra era propiedad común del todo el pueblo alemán y

los propietarios de la parcelas rústicas no debían considerarse como propietarios desde el punto de vista capitalista, sino como administradores del Estado al servicio de la comunidad nacional. Cuando el NSDAP asumió el poder en 1933, la agricultura alemana estaba al borde de la

ruina. Los granjeros germanos soportaban una tasa muy elevada de impuestos e intereses crediticios, sus deudas ascendían a 12.000 millones de marcos y el área de los terrenos subastados por la usura prestamista, entre 1924 y 1932, era similar al tamaño de Turingia (16.171km²). No

obstante, el gobierno nacionalsocialista promulgó una nueva legislación para regular la gestión de la propiedad agrícola, en consonancia con la ordenación del mercado y el establecimiento de un sistema corporativo de autogestión. En septiembre de 1933, el régimen alemán publicó

la Ley de Fincas Hereditarias que sirvió para proteger a las granjas del endeudamiento y la fragmentación en las herencias. La tierra agrícola se convirtió en un producto inalienable y se le dio el carácter de “res extra commercium”, es decir, con esta medida los bienes inmuebles

agrícolas estaban excluidos del mercado capitalista. Así pues, cualquier granja de una extensión de entre 8 y 125 hectáreas fue declarada hereditaria como “erbhof” y no podía ser hipotecada, ni enajenada. Las granjas demasiado pequeñas podrían convertirse en “erbhof” en forma de

cooperativa, mientras que las granjas más grandes tendrían que dividirse. La inalienabilidad de las tierras agrícolas por la Ley de Fincas Hereditarias, que prohibió del gravamen crediticio, salvó a numerosos granjeros de la ejecución hipotecaria y, por tanto, de ser desahuciados

(lo que se aseguraba al tomar las entidades agrícolas del Estado “Reichsnahrstand” el control de las cooperativas de crédito). En ese mismo año, el régimen germano instauró el sistema de propiedad fiduciaria sobre la tierra agrícola, subordinando el derecho de propiedad al

bienestar de la comunidad nacional representada por el Estado, con la creación de la “Reichsnahrstand” u Organización Nacional de Agricultura (RNST), que era la única entidad del país que abarcaba a todas las asociaciones relacionadas con la agricultura o con la producción y

distribución de alimentos. En la RNST se incluía a todas las asociaciones que estaban vinculadas de uno u otro modo con la actividad de la que se trataba, por ejemplo, en el caso del gremio o corporación de los cereales, se integraban o dependían de ella todos los cultivadores,

vendedores de grano, molineros, distribuidores, panaderos, etc. Al frente de la RNST estaba el ministro de Agricultura, Ricardo Walther Darré que, de esta forma, tomó el control de toda la industria agrícola alemana. El objetivo principal de la RNST, según Darré, era aliviar al

agricultor de las incertidumbres de la economía de mercado capitalista para poder servir mejor a la nación como productor de alimentos y portador de cultura. Las actividades de la RNST se centraban en el control de la producción, distribución, precios e importaciones de los

productos agrícolas y en la satisfacción de las necesidades sociales y culturales de sus miembros. La RNST disponía de un “consejo administrativo ejecutivo” compuesto por representantes de los propietarios y trabajadores de fincas rústicas y miembros del Estado que, tras

consultar a los diferentes agentes sociales (productores y consumidores), decidía sobre las condiciones generales del mercado y el establecimiento de precios fijos para cada producto. Las autoridades judiciales de la corporación establecían si el agricultor podía cultivar su

propia propiedad o, si bien, debía adherirse a una cooperativa, el tipo de cultivo, la cantidad a producir, el importe de venta y el precio al que el intermediario lo revendía. Por tanto, no le correspondía a la libre concurrencia del mercado decidir el valor de los productos

agrícolas, sino que era la RNST quién establecía precios fijos y controlaba la producción por ley, marcando el fin de la libre competencia en el mercado germano de la alimentación. El régimen nacionalsocialista logró aumentar el porcentaje de autosuficiencia alimenticia en

Alemania del 68% en 1928 al 83% en 1938. Así por ejemplo, en 1938, la producción media de trigo en el Reich ascendió a 43,2 quintales por hectárea, mientras que en la fértil Francia la cifra era de 32,8 y en USA se recoge un promedio de 17,6 quintales por hectárea.

Bibliografía: “El Nacionalsocialismo” de Cesare Santoro y “Wikipedia”