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EMPRESAS MULTINACIONALES El ideólogo nacionalsocialista, Gottfried Feder, identificaba a las rentas de capital o capitalismo con las sociedades bursátiles anónimas y deseaba someterlas al Estado, para impedir la creación de las empresas multinacionales independientes del poder


político y liberar así, a las economías nacionales de su dependencia y sometimiento a dichas entidades. El analista germano consideraba que la economía mundial estaba dominada por reducido número de grandes empresas capitalistas (según Feder, en su mayoría hebreas) a las que

denominaba la “Internacional Dorada”. Un ejemplo de este planteamiento lo contemplaba el intelectual alemán en Iberoamérica, donde las empresas de gran capital accionarial se comportaban como auténticos parásitos socioeconómicos que subsistían del “espacio vital” de los países

hispanoamericanos. Tras la Gran Guerra, las empresas multinacionales domiciliadas en Gran Bretaña y Estados Unidos iniciaron un proceso de neocolonialismo financiero en América central y del sur. Entre 1905 y 1929, la Kennecott Cooper Mining y la Anaconda Cooper Mining, quedarían

dueñas de la mayoría de las reservas mineras estratégicas del continente americano. A este dominio, se agregaría la Pasco Cooper Corporation en Perú y la Cananea Consolidated Cooper en Méjico, que ya se extendía por medio de filiales a la industria maderera, el abastecimiento de

alimentos, etc… En 1928, se estableció el acuerdo de Anacharry, dando así origen al cártel del petróleo, que repartió las áreas de influencia entre las tres grandes empresas del sector, sin la participación de los gobiernos de las naciones afectadas, cuyas rentas eran muy

inferiores a la capacidad financiera de estas empresas internacionales. Se trataba de la petrolera estadounidense Standard Oil de la familia Rockefeller, de la angloholandesa Royal Dutch-Shell y la Anglo-Persian (British Petroleum), que trataron de evitar las frecuentes guerras

comerciales en las que se veían envueltas. Pese a todo, no fue fácil mantener lo acordado y una terrible consecuencia de ello fue la guerra del Chaco (1932 - 1935), entre Bolivia y Paraguay, donde detrás de los países contendientes participaron la Royal Dutch-Shell y la

Standard Oil, tratando de obtener las mejores posiciones en el control de los yacimientos petrolíferos. Durante el periodo de entreguerras, los enclaves bananeros quedaron bajo el control de la United Fruit Company, que cubrían extensos territorios en Colombia, Honduras,

Costa Rica, etc..., y que dieron origen al término de “repúblicas bananeras”. La gran empresa norteamericana también controlaba las líneas de ferrocarril al servicio de sus plantaciones y las flotas mercantes que transportaban la fruta caribeña. La banca de los Estados Unidos

también comenzó a instalarse en Suramérica y desde los años veinte del siglo pasado, el Nacional City Bank se encontraba representado por medio de filiales en las principales ciudades del continente americano. En definitiva, las empresas multinacionales operan con grandes masas

de capital extendiéndose por todo el mundo y colocándose fuera del alcance de sus propios gobiernos, sus fábricas se instalan en numerosos países y decretan la transferencia de enormes masas de capital desde una nación a otra, en otras palabras, la lealtad de sus directores

financieros no se debe a ninguna nacionalidad, sino a los principales accionistas de la sociedad matriz. La comunidad internacional se encuentra en una situación de dependencia hacia las empresas multinacionales, puesto que dominan el mercado mundial y controlan la producción

industrial de todas naciones, lo que implica el fracaso de cualquier plan para la explotación y comercialización de sectores estratégicos de la economía nacional por parte de los gobiernos locales, puesto que la concentración económica de las empresas multinacionales no se

produce tan solo por la diversificación de las áreas de inversión, sino también por su capacidad para dispersar sus empresas en varios países, la instalación de una subsidiaria no implica riqueza y empleo para la nación receptora, dado que las decisiones empresariales no dependen

de las necesidades nacionales, sino de los designios globales que provengan de la casa matriz. Entre el individuo y la humanidad existe un organismo intermedio que denominamos nación y que es el sujeto del derecho y de la economía internacional, si no existiera este organismo

soberano que protegiese y defendiera a los ciudadanos, éstos se encontrarían indefensos ante las ambiciones del capitalismo internacional, que podría ejercer todo su poder financiero sin ningún tipo de límites legales, impidiendo la satisfacción de la demanda social y la

independencia de la comunidad. El régimen nacionalsocialista se opuso a la internacionalización de la producción, porque debilitaba significativamente la soberanía de las diversas entidades nacionales, que apenas podían oponer resistencia a la presión económica de los intereses

de las élites financieras mundiales. El mercado internacional y sus materias primas constituían una tajada económica demasiado colosal, para que las grandes empresas británicas y

estadounidenses permitieran, que las teorías económicas de Gottfried Feder se propagaran por todas las naciones del mundo.