El papa León ha visitado a los presos de Can Brians (Barcelona) y estas esperanzadoras palabras son una advertencia para todos:
«Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona».
En efecto, lo que el Papa nos dice es que siempre hay posibilidad de conversión. La gracia de Dios es más poderosa, capaz de obrar un «cambio ontológico» tal que los pecados y vicios pasados sean arrancados de raíz y que toda la persona se vea transformada.
En fin, el recuerdo de ese vergonzoso «pasado», después de la conversión al Señor, ya no debe «definir» más al sujeto personal. Dicha conversión supone, de hecho, un «saltus» cualitativo, o sea, la muerte del «hombre viejo» y el nacimiento del «hombre nuevo», el cual ya no deberá vivir más de ese pasado estéril y tóxico.
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