MALDITO MAL MENOR
Imaginemos el siguiente caso hipotético: un ejército invasor está asediando una ciudad y exige a ésta que, para salvarse, entregue a un hombre inocente para ser ejecutado. El malminorista nos dirÃa que hay que ser «realistas», no quedando más remedio que ceder al chantaje y entregar en sacrificio a este pobre hombre.
Por el contrario, aquà los escolásticos enseñan que nunca será lÃcito entregar a este inocente para salvar la ciudad, ni siquiera toda la república. El homicidio de un inocente, aunque sea solo uno, siempre será un mal intrÃnseco y nunca un medio lÃcito para salvar el conjunto de la república o comunidad polÃtica. Nunca puede elegirse un mal menor moral, como es éste; sólo podrÃa elegirse lÃcitamente un mal menor fÃsico, pero esta necesaria distinción entre mal fÃsico y mal moral frecuentemente brilla por su ausencia en las falacias malminoristas.
Al respecto, la ley abortiva llamada «ley de supuestos» no es otra cosa que esto, un mal moral. Sin embargo, los «apóstoles del malminorismo», siempre repugnantemente «posibilistas», nos quieren hacer creer sofÃsticamente que una ley restrictiva que permite el aborto de niños con sÃndrome de Down, por ejemplo, no es un «mal menor», sino un «bien posible» y, por lo tanto, un medio lÃcito para que, en un futuro ideal e indeterminado, se consiga la abolición total del aborto. Mientras tanto, para estos sofistas, serÃa lÃcito —aunque no se atreven a decirlo explÃcitamente as× sacrificar a estos niños con discapacidad para salvar a un gran número de «sanos», presentando este medio ilÃcito como si fuese una suerte de «reducción» o debilitamiento del «mal mayor».
Únicamente el «católico Ãntegro» luchará por el verdadero bien moral —no por un falso bien aparente— y no cederá ni un milÃmetro, como sà hace el «hombre mediocre» malminorista, ante los chantajes de los politicastros oportunistas que se presentan demagógica y cÃnicamente como polÃticos «provida».
Nosotros, porque defendemos realmente la vida del inocente, somos «proverdad» y «probien», y detestamos profundamente la elección intrÃnsecamente perversa del mal menor moral, al contrario que los malminoristas, que son simplemente «colaboracionistas» con el mal y, que para huir de Escila, terminan siempre cayendo en Caribdis.
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó

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