Ellos no lo creen, pero yo estoy bien convencido de ello: los malminoristas son colaboracionistas en los crímenes del Estado y en la perversión del sistema democratista. Ellos encarnan, de hecho, la figura del «hombre mediocre», según la expresión de Ernest Hello:
«Olvidando el lado esencial y tomando el lado accidental de cada cosa, [el hombre mediocre] corre tras las circunstancias, acecha las ocasiones; y cuando se ha salido con la suya, es diez veces más mediocre todavía. Júzgase, como juzga a los demás, por el éxito. Mientras el hombre superior siente interiormente su fuerza, y la siente sobre todo si no la sienten los demás, el hombre mediocre se creería un tonto si por tal pasara, y encuentra su aplomo en los cumplimientos que se le dirigen; su mediocridad aumenta en razón de su importancia. [...] La gloria y el éxito no se parecen; la gloria tiene secretos, el éxito tiene caprichos. El hombre mediocre no lucha; puede sobresalir al principio; siempre fracasa luego. El hombre mediocre sobresale porque sigue la corriente; el hombre superior triunfa porque va contra la corriente. El procedimiento del éxito es ir con los otros; el procedimiento de la gloria es marchar contra los demás» (Ernest Hello, «El hombre: la vida, la ciencia, el arte», Buenos Aires: Editorial Difusión, 1946, pp. 68-69).

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