La industria farmacéutica es quizá el mejor representante del liberalismo capitalista más despiadado y antihumano.
Que la posmoizquierda la haya identificado con "la ciencia" y con "el bien común", solidificados ambos conceptos en el santo grial de las vacunas y los tratamientos contra el cáncer, define cómo los conceptos han sido subvertidos por completo y cómo la ciudadanía más estúpida ha sido secuestrada por packs ideológicos que sólo pueden ser definidos como satánicos.
Los "progresistas" que abogan "por el bien común" y por "la ciencia", defendiendo a muerte a Pfizer y los venenos inmundos con los que asaltan a los enfermos de cáncer son el último eslabón de una cadena de manipulación y destrucción en masa.
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