Lo que está ocurriendo no es casualidad ni improvisación: es una operación política internacional perfectamente articulada. Hoy, toda la izquierda iberoamericana se reúne en Barcelona para hacer un balance frío y estratégico: qué han perdido, qué pueden retener y qué quieren conquistar. Y en ese tablero, el Perú no es un actor secundario: es una pieza clave en disputa.
El eje conformado por el Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla, el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, junto con redes globales ideológicas y organismos supranacionales, tiene claro su objetivo: no perder el control del Perú y, si es posible, consolidarlo definitivamente. En ese esquema, se alinean operadores locales, sectores del Ejecutivo y parte del Legislativo, todos bajo una consigna común: sostener a Corvetto hasta el final de su misión.
¿Y cuál es esa misión? Consumarse un proceso electoral cuestionado que permita imponer a Sánchez en primera vuelta y luego asegurar su victoria en segunda frente a Keiko. Ese es el plan. Y después vendrá lo más grave: movilizaciones dirigidas desde el sur para forzar cambios estructurales, especialmente en el Senado, que blinden al nuevo poder de cualquier intento de vacancia.
Mientras tanto, el silencio es cómplice. Cada día que pasa sin que se retire a Corvetto y sin un pronunciamiento firme de las Fuerzas Armadas, el escenario se agrava. Se pretende instalar la idea de que las FFAA no pueden deliberar, como si eso significara que deben ser meros espectadores ante un posible fraude. Eso es falso. No deliberar no es sinónimo de abdicar del deber constitucional de defender el orden democrático.
Las Fuerzas Armadas no pueden ser reducidas a un rol pasivo mientras actores internos y externos buscan apoderarse del país. Y no olvidemos el punto de quiebre: cuando Corvetto decidió excluir a las FFAA de funciones en la ONPE, se abrió la puerta a la opacidad y a la sospecha. Esa decisión no fue técnica, fue política.
Si este proyecto se consolida, el siguiente objetivo será claro: debilitar la institucionalidad de las FFAA. Ya hemos visto cómo se ha politizado la Fiscalía. El mismo camino seguirán las Fuerzas Armadas si no reaccionan a tiempo. Se buscará transformarlas, instrumentalizarlas, incluso degradarlas hacia modelos de milicia ideologizada, con figuras radicales promoviendo ese cambio.
El Perú está en una encrucijada histórica. No basta con denuncias tibias ni con acciones limitadas. El propio presidente del JNE ha demostrado que no irá más allá de lo mínimo. Por eso, hoy más que nunca, la responsabilidad recae en quienes aún tienen la capacidad de actuar.
La voz de los oficiales en actividad no puede seguir ausente. No basta con los retirados. El momento exige claridad, firmeza y compromiso con la Nación. Porque cuando se pierde la institucionalidad, recuperar la República cuesta generaciones.
El Perú no se entrega. El Perú se defiende.

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