Es innegable el esplendor de la divina liturgia en las iglesias de Oriente.
Olvidémonos, pues, del protestantismo; cuanto más nos acercamos a él más nos alejamos de Cristo.
En todo caso, centremos nuestros esfuerzos en que Oriente vuelva a unirse a Roma. Aunque dichas iglesias deben corregir algunas cosas, mantienen lo esencial de la doctrina, la validez de los sacramentos y la sucesión apostólica.
Ahora bien, cabe decir que resulta evidente también que estos orientales cismáticos son bastante más «católicos», en moral y doctrina de la fe, que algunos obispos y sacerdotes romanos, más preocupados éstos en complacer al mundo y en promover el wokismo que en el servicio a la Verdad católica, fuera de la cual, por cierto, no hay salvación.
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