En el primer día de la Semana Santa, el Estado genocida de Israel nos ha hecho un «simpático» regalo a todos los católicos, impidiendo despóticamente que el cardenal Pizzaballa, patriarca de Jerusalén, celebrase la santa misa, este Domingo de Ramos, en la basílica del Santo Sepulcro.
Tengo la impresión de que Netanyahu se está empezando a vengar de la Iglesia, pues cada vez somos más los católicos que condenamos sus horrendos crímenes.
De hecho, el sionismo llegará a quedarse únicamente con los delirantes y ridículos evangélicos sionistas y con los «católicos» liberales, los cuales, por cierto, profesan una religión llamada «judeocristianismo».

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