No le corresponde a los poderes públicos protegernos contra el odio, igual que tampoco tienen que protegernos contra el desamor o la envidia.
No se protege de los sentimientos o las emociones, sino de los ACTOS que nos hacen.
Y para eso, con relación a la actividad en redes sociales, YA existen: la protección de datos personales; los ilÃcitos civiles que dañan el honor, la intimidad y la propia imagen; y, entre otros, los delitos de injurias, calumnias, amenazas y acoso.
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