Nos han metido en la cabeza que si no tienes un propósito vital que te erice la piel cada mañana, estás haciendo algo mal. Que deberías levantarte con una misión clara, casi cinematográfica, antes incluso del primer café. Que la vida buena es la que tiene épica, impacto, legado.
Y no.
No todo el mundo necesita cambiar el mundo. Hay quien quiere simplemente vivirlo.
Trabajar, pagar sus facturas, querer a los suyos, tener tiempo para una serie, una cena tranquila o una siesta el domingo. Llegar razonablemente entero al viernes.
No todo el mundo necesita cambiar el mundo. Hay quien quiere simplemente vivirlo.
Trabajar, pagar sus facturas, querer a los suyos, tener tiempo para una serie, una cena tranquila o una siesta el domingo. Llegar razonablemente entero al viernes.
Que el estrés no le devore el estómago. Que el trabajo no le robe el alma. Que lo dejen en paz.
Y eso no es mediocridad.
Es ajustar expectativas a la realidad. Es entender que el sentido no siempre viene en forma de “misión”. A veces viene en forma de estabilidad.
Y eso no es mediocridad.
Es ajustar expectativas a la realidad. Es entender que el sentido no siempre viene en forma de “misión”. A veces viene en forma de estabilidad.
De vínculos sólidos. De rutinas que no te destrozan.
La obsesión contemporánea con el propósito también genera ansiedad. Si no sabes cuál es tu “llamada”, te sientes defectuoso. Si tu trabajo no te apasiona, parece que estás traicionando tu esencia.
La obsesión contemporánea con el propósito también genera ansiedad. Si no sabes cuál es tu “llamada”, te sientes defectuoso. Si tu trabajo no te apasiona, parece que estás traicionando tu esencia.
Como si todos tuviéramos que vivir enamorados de lo que hacemos ocho horas al día.
La mayoría de la gente no vive así. Y no pasa nada.
Desde la psicología, el bienestar no depende de tener un objetivo grandioso.
La mayoría de la gente no vive así. Y no pasa nada.
Desde la psicología, el bienestar no depende de tener un objetivo grandioso.
Depende de que haya coherencia entre lo que haces y lo que valoras, aunque sea sencillo. Depende de que tu vida sea suficientemente estable, suficientemente digna, suficientemente tuya.
Hay quien necesita intensidad y ambición. Perfecto.
Hay quien necesita intensidad y ambición. Perfecto.
Pero también hay quien necesita calma y previsibilidad. Y eso no es perderse. Es conocerse.
No todo el mundo quiere ser protagonista de una película. Algunos solo quieren una vida que no duela demasiado. Y en el mundo real, eso ya es bastante.
No todo el mundo quiere ser protagonista de una película. Algunos solo quieren una vida que no duela demasiado. Y en el mundo real, eso ya es bastante.
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