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Mn. Jaime Mercant Simó
@JaimeMercant
Como el mundo se ha habituado a celebrar una «falsa Navidad», es decir, no la de la fe cristiana, sino la de los «consumistas navideños», éstos llenan el espacio de excesos y contaminación acústica.

Lo peor del caso es que la «masa» no celebra la Navidad, pero cree celebrarla.

Por otra parte, dichos «excesos» parecen ser signo de alegría y felicidad, cuando, por el contrario, manifiestan una «vacuidad existencial»; una buena parte de la gente huye de sí misma y procura, además, escapar de la realidad mediante el frenesí y el consumo de bebidas y sustancias que la enajenen artificialmente.

Sin embargo, la verdadera alegría deriva de la gracia de Dios y se sostiene por el don de la paz de espíritu; no debe confundirse, pues, con la simple «agitación del ánimo» o la participación compulsiva y desordenada en actividades de ocio nocturno.

Nuestras sociedades occidentales viven, de hecho, vegetando sobre una cristiandad en ruinas, habida cuenta de que se han negado sus «esencias». Por esta razón, se celebra por doquier una «Navidad aparente» y no «esencial»; un mero instrumento de control de masas aborregadas.

En fin, les invito a escuchar esta coral de Johann Sebastian Bach y leer su traducción: «Jesus bleibet meine Freude» (Jesús sigue siendo mi alegría). En efecto, Cristo es nuestra alegría; únicamente en Él podemos encontrarla.

Traducción:

Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y bálsamo de mi corazón.
Jesús me defiende de toda pena.
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y la delicia de mi alma;
por eso no quiero dejar ir a Jesús
fuera de mi corazón y de mi vista.
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