En 1942, un químico de la Universidad de Harvard buscaba una alternativa al caucho. Mezclando ácido Nafténico y ácido Palmítico creó una gelatina marrón pegajosa. De la unión de "Na" y "Palm" nació el nombre de esta espeluznante arma del siglo XX: Napalm. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Estados Unidos tenía un grave problema. Tras el ataque a Pearl Harbor, Japón había conquistado las plantaciones de caucho de Asia. El ejército usaba caucho natural para espesar la gasolina de los lanzallamas, pero de repente, el suministro se cortó.

La gasolina sola no sirve para la guerra moderna, porque se evapora, quema demasiado rápido y gotea de los objetivos antes de que se enciendan. Así que necesitaban algo que se pegara a la piel y a los edificios, y que ardiera lentamente para causar el máximo daño posible.

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El Dr. Louis Fieser, un respetado profesor de química orgánica, aceptó el reto. Probó cientos de espesantes hasta que, finalmente, encontró la fórmula mágica usando sales de aluminio de dos ácidos comunes: el ácido Nafténico y el ácido Palmítico.

De la unión de las sílabas "Na" y "Palm" nació el nombre: Napalm, un polvo que, al mezclarse con gasolina, formaba un líquido denso. Fieser hizo las primeras pruebas en los campos de deporte de Harvard, quemando zapatos viejos y madera.

Los resultados fueron escalofriantes. El napalm ardía a más de 1.000 grados centígrados y no se podía apagar con agua. De hecho, al intentar limpiarlo o sacudirlo, solo se extendía más, pegándose a la carne como una segunda piel ardiente.

El estreno fue brutal. Se usó en Europa, pero su objetivo principal fue Japón, ya que las ciudades japonesas, construidas tradicionalmente de madera y papel, eran la diana perfecta. El napalm no destruía edificios por impacto, los consumía.

La noche del 9 de marzo de 1945, la Operación Meetinghouse lanzó toneladas de napalm sobre Tokio, creando una tormenta de fuego. El aire se calentó tanto que el agua de los canales hirvió, muriendo en torno a 100.000 personas, más que en la explosión atómica de Hiroshima.

Fieser estaba orgulloso y en sus memorias no mostró grandes remordimientos. Veía su invento como una solución química elegante a un problema táctico. Para él, era ciencia pura salvando vidas americanas al acortar la guerra.

Pero el napalm evolucionó. En la guerra de Corea y luego en Vietnam, se mejoró la fórmula. Se creó el "Napalm B", que usaba poliestireno y benceno. Ya no necesitaba los ácidos originales del nombre, y era más estable y seguro de transportar.

El Napalm B era aún peor para las víctimas. Podía arder durante 10 minutos y se convirtió en el símbolo del horror de Vietnam. La foto de la "Niña del Napalm" (Kim Phuc) corriendo quemada en 1972 cambió la percepción pública de la guerra para siempre.

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En las universidades de EE.UU., donde Fieser era una eminencia, los estudiantes empezaron a protestar y Dow Chemical, el fabricante principal, fue boicoteado. El invento de Harvard se había convertido en un sinónimo de crimen de guerra.

Lo paradójico es que Fieser no era un "científico loco". También inventó cosas vitales, como la primera síntesis artificial de la Vitamina K (vital para la coagulación de la sangre) y un medicamento contra la malaria. Salvó tantas vidas como quitó.

A pesar de ello, su legado quedó manchado y en 1980, la ONU prohibió el uso de armas incendiarias contra civiles. El napalm fue retirado de los arsenales principales, aunque sus variantes modernas siguen existiendo bajo nombres técnicos.

Louis Fieser murió en 1977. En su jardín de Belmont, Massachusetts, cultivaba rosas enormes y preciosas con el mismo cuidado con el que mezclaba químicos. Pocos sabían que esas manos que podaban rosales los domingos, eran las mismas que habían diseñado el infierno en la tierra.

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