Durante años se negó, se minimizó o se silenció. Hoy, el Daily Telegraph confirma lo que no debía haberse ocultado nunca: las vacunas de ARNm contra la Covid pueden provocar daño cardíaco en casos poco frecuentes, con especial incidencia de miocarditis en varones jóvenes. No es un hallazgo nuevo, es una admisión tardía. Y lo verdaderamente grave no es el dato clínico, sino la conducta política y mediática que lo rodeó.
No hubo transparencia, hubo disciplina. No se promovió el debate científico, se impuso una narrativa cerrada. Quien pidió prudencia fue señalado; quien exigió información completa fue tratado como un peligro público. La ciencia quedó relegada y el discurso oficial ocupó su lugar. Cuando preguntar se convierte en un acto sospechoso, la medicina deja de curar y empieza a mandar.

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