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Mn. Jaime Mercant Simó
@JaimeMercant
LA ESENCIA DE LA LIBERTAD

Lo diré claramente: la «esencia» de la libertad no es el respeto de los derechos subjetivos de los demás.

La libertad es un don natural de Dios para que podamos obrar con rectitud moral y alcanzar el bien en esta vida y, en último término, la gloria en el Cielo. La verdadera libertad, pues, tiene que ver con el derecho supremo y soberano de Dios, ante el cual nosotros tenemos los deberes de obediencia y piedad.

Por consiguiente, como el error y el mal no tienen derechos, la verdadera libertad no puede estar vinculada a éstos ni puede respetarlos. Dicho de otro modo más concreto, nadie, por ejemplo, tiene derecho al ateísmo, al aborto, a la lujuria, al arte degenerado, al consumismo, al liberalismo, a la usura, al comunismo, al democratismo, a la herejía, al cisma, a las falsas religiones, al laicismo, al sacrilegio, a la blasfemia, etc.

En todo caso, las personas únicamente tienen la «posibilidad física», que no moral, de profesar el error y obrar el mal, pero no tienen el «derecho» al error y al mal. Por ende, la libertad, que ha sido creada por Dios para decir la verdad y obrar el bien, de ningún modo puede definirse por el respeto de los antedichos falsos derechos del prójimo.

En fin, como decía Monseñor de Segur, «la libertad es como la luz, como la belleza, como la vida, cualidades a las que las tinieblas, la fealdad y la muerte no solamente son extrañas, sino diametralmente opuestas».
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Imagen que expresa esta concepción secular y revolucionaria de la libertad: «Le Génie de la Liberté» (Agustin Dumont, 1833).
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