«Las crisis han demostrado a muchos la verdadera importancia de la familia. En ella —y no en las instituciones ni en los mercados— es donde las personas se han refugiado, tanto económica como emocionalmente, en los momentos más oscuros.
Por eso, en sus laboratorios de ingeniería social, la élite plutócrata se esforzó por encontrar las claves de su descomposición. Sus científicos comprendieron que un individuo desarraigado, sin la protección de su núcleo familiar ni los valores que lo sostienen, resulta mucho más vulnerable a la manipulación.
Había, entonces, que debilitar los lazos familiares y erosionar los principios inculcados desde la niñez: religiosos, morales, sexuales y, en definitiva, aquellos que dotan al ser humano de identidad y pertenencia».
Por ello escuchamos constantemente que hay que abolir la familia tradicional.
* Texto adaptado de mi libro PERDIDOS.
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