EL TRIUNFO DE LA IDEA
La lucha contrarrevolucionaria por la verdad y el bien moral debe realizarse con fortaleza, valor y carácter, cierto, pero sobre todo con inteligencia, cálculo y prudencia.
La revolución, bien sea ésta de izquierdas o de derechas, corrompe primeramente las ideas y su consecuente expresión, o sea, el lenguaje; en un segundo momento, mediante esta corrupción conceptual y semántica, subvierte y trastorna la vida social, religiosa y moral. Aunque, en efecto, las consecuencias extramentales son catastróficas, la raíz de dichos males la encontramos en el plano intelectual. Por consiguiente, parece lógico y razonable que, ante todo, la santa reacción ataque el problema a radice, a saber, en el orden del pensamiento.
Bajo mi punto de vista, es imposible una eficaz restauración del orden natural y cristiano en la sociedad si no se cambia antes la mentalidad o forma mentis de los ciudadanos.
Por ende, en esta lucha, hay que tener paciencia, puesto que no podemos pretender obtener resultados inmediatos en una época decadente, en la que es ya imposible refugiarse en las instituciones y replegarse sobre ellas.
Por otro lado, la historia nos enseña que la masonería ha demostrado ser astutísima, sabiendo esperar a recoger los frutos de su tenaz y paciente labor destructiva y disolvente; la clave del triunfo de esta secta no estriba tanto en el visible desorden generado, sino, más bien, en el general cambio de mentalidad producido, fruto de un agudo plan estratégico, trazado a largo plazo.
Pues, bien, estimo que, de un modo análogo, aunque a sensu contrario, los católicos deberíamos tener una estrategia, prudentemente elaborada, con vistas a alcanzar, a largo plazo, los santos fines esperados. De esta forma paciente y prudente actuaron los cristianos perseguidos de los primeros siglos; no fue únicamente Constantino el que cristianizó el Imperio romano, sino que éste, de facto, ya estaba en gran medida cristianizado en todas sus capas sociales, desde las más altas a las más sencillas.
Al respecto, me viene a la mente una máxima del gran teórico ajedrecista Aron Nimzowitsch (1886-1935), quien, en su célebre libro Mi sistema, llega a afirmar que, en el ajedrez, es más importante el triunfo de la idea que el de la materia. Esta enseñanza la da a propósito de aquellos jugadores que sólo se preocupan por la material ganancia de piezas, negligiendo, no obstante, la estrategia que reclama siempre la esencia de la posición.
Así, pues, creo que, análogamente, en la lucha contrarrevolucionaria, debería interesarnos primordialmente el triunfo de la Verdad y de las ideas católicas, por encima de la materialidad de los ansiados resultados. Cuando atendemos más a la materialidad de dichos resultados y no a la formalidad que supone un cambio de categorías mentales, principios y criterios, no conseguimos más que un cristianismo aparente, más fenoménico que real.
Ahora bien, el problema hodierno más grave lo tenemos en la propia Iglesia, que es la que debería liderar dicha lucha. Sin embargo, es fácilmente constatable que una buena parte de sus pastores, teólogos, filósofos y canonistas han asumido los postulados de un mundo que, desde hace tiempo, detestando todo lo relativo a la cristiandad, ha optado por un radical cambio de paradigma, incompatible toto coelo con el orden divino. Nuestro consuelo es que la victoria definitiva es de Cristo. No obstante, mientras esperamos su venida gloriosa, es nuestra obligación dar la batalla por Él y con Él, que es la Verdad absoluta.
Recordemos: en la vida, como en el ajedrez, es más importante el triunfo de la idea que el de la materia.

@TopAlejandri Amén.
Generated by Thread Navigator
Press ⌘ + S to quick-export
