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Mn. Jaime Mercant Simó
@JaimeMercant
¿TIENE USTED UN PLAN DE VIDA?

Hoy no voy a apelar a Tomás de Aquino ni a ningún papa; simplemente quiero darles un sencillo consejo, aprovechando una cita que he tomado del mundo del ajedrez: «un mal plan es mejor que no tener ningún plan».

Esta cita es del gran Frank Marshall, uno de los mejores jugadores de ajedrez de todos los tiempos.

Llevo desde los ocho años jugando al ajedrez y estudiándolo, y, en sus principios teóricos, siempre he encontrado buenas analogías para aplicar a la vida. No sin razón, Boris Spassky decía que «el ajedrez es como la vida misma».

Pues bien, la cita de Frank Marshall, en la que éste sostiene que un mal plan es preferible a no tener ninguno, podemos aplicarla a nuestra vida personal.

Si de verdad queremos mejorar como cristianos, tanto en el plano intelectual como en el moral y místico, es necesario tener un plan de vida, o sea, una estrategia que tenga en cuenta no sólo los defectos y vicios que debemos atemperar y corregir, sino también las virtudes y cualidades que podemos potenciar; el que hace esto es sabio a los ojos de Dios.

Dicho plan, si es posible, es bueno contrastarlo con la valoración de un sacerdote, pero finalmente cada uno es responsable de la estrategia o del plan de vida que haya elaborado, como de las acciones y decisiones que libremente tomará; libertad y responsabilidad, las dos cosas son indisociables.

Ahora bien, todo plan formativo es susceptible de ser mejorado, por supuesto, pero es mejor tener un mal plan que no tenerlo; es mejor obrar con un orden, aunque imperfecto, que andar por la vida de modo errático, dando palos de ciego.

Al respecto, recomiendo que el plan que se haga tenga dos características fundamentales si uno no quiere terminar desquiciado:

1. Debe partirse de la realidad: me estoy refiriendo aquí a una sujeción a la realidad de las cosas y de cada uno. No puede partirse de un ideal, pues éste es la meta, no el punto de arranque. Tampoco puede partirse de la ilusión; ésta puede ser un estímulo, pero no el inicio de un camino de perfección personal. Conviene conocer bien la realidad que nos rodea y tener los pies en el suelo, pero también debemos conocernos bien a nosotros mismos, teniendo en cuenta nuestras bondades y nuestros límites.

2. Siempre debe conservarse la visión sobrenatural: esto nos permitirá que nuestro plan tenga, al menos, un fin último fijo y seguro, o sea, el que nos señaló Nuestro Señor Jesucristo. Si mantenemos esta meta, nuestro plan sólo podrá ser malo en su dimensión aplicativa y en los medios o fines intermedios que deberemos elegir en cada situación concreta.

En fin, tomen estos consejos como lo que son, algo puramente básico y rudimentario. Aunque no sean palabras muy elevadas, estoy convencido de que a más de uno les podrán venir muy bien.

Recuerden: «un mal plan es mejor que no tener ningún plan».
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Mn. Jaime Mercant Simó
@JaimeMercant
@ElBataller @condedecotua Lo sé, pero eso fue exagerado.
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