Ansiedad, literalidad y otras formas de malentender la vida.
Podría contar que sufrí mucho. Pero lo interesante es lo que viene después, cuando dejas de tomarte a ti misma como un enigma trágico y empiezas a verte como un personaje absurdo con encanto narrativo.
Durante años, cada interacción social era un experimento fallido. Me pasaba la vida preguntándome qué acababa de pasar. Fue sarcasmo? Era una indirecta? Era una broma? Estaban enfadados? Fui yo? (casi nunca era yo pero yo me lo comía igual.)
El cambio no vino con un milagro. Vino con terapia. Buena terapia. Terapeutas que no intentaron “normalizarme”, sino enseñarme a mirar mis rarezas sin miedo ni solemnidad. A reírme desde el conocimiento, no desde la culpa.
Me enseñaron que reírse de una misma no es autodesprecio, sino una forma adulta de decir: sí, soy un desastre exquisito, y qué?
Hoy me río de muchas cosas que antes me hacían llorar: respuestas literales, silencios incómodos, malentendidos épicos. No porque me dé igual, sino porque ya entendí que no soy defectuosa: soy autista, con historial de colapsos y mucho rodaje.
No creo que todos tengan que hacer lo mismo. Cada quien tiene su camino. Y hay días en los que no tiene gracia nada. Pero cuando puedo, uso la ironía como abrigo, el humor como mapa y la autoderisión como linterna.
Porque gracias a eso me afiné.
Y el humor fino, cabrón y útil me ayudó a no perderme del todo.
Antes de las terapias, cada situación social era una trampa disfrazada de “vida normal”. Un campo minado con formas de sonrisa.
Me invitaban a una comida y pasaba tres días estudiando qué decir al llegar, cómo no parecer antipática al irme, dónde sentarme para no parecer esquiva ni invasiva.
Me equivocaba siempre.
Me iba hecha polvo, con la cabeza llena de repeticiones. Lo analizaba todo hasta convertirme en culpable oficial de la conversación.
Ahora me invitan a una comida y sigo teniendo pánico, pero me lo cuento distinto: “tranquila, si dices algo surrealista no pasa nada, ya saben que eres rara, eso da encanto, a la mierda”.
Me doy permiso para ser marciana, y a veces incluso lo disfruto. No siempre. Pero a veces sí.
Y esa es mi victoria.
"¿Cómo estás?" la mega trampa social.
Antes: decía la verdad. TODA. "Pues mal, tengo gases, acidez, un sarpullido sospechoso en la cintura, me pitan los oidos y tengo la boca pastosa como si hubiera chupado una piedra. A eso súmale ansiedad crónica de fondo y una noche de insomnio bonito"
La gente se quedaba paralizada, como si hubiera soltado un gato muerto sobre la mesa.
Ahora: digo “tirando, ¿y tú?” y me ahorro el informe clínico. Me río sola al recordar la cara de la profesora que recibió mi respuesta completa en 1998
Antes: decía la verdad. TODA. "Pues mal, tengo gases, acidez, un sarpullido sospechoso en la cintura, me pitan los oidos y tengo la boca pastosa como si hubiera chupado una piedra. A eso súmale ansiedad crónica de fondo y una noche de insomnio bonito"
La gente se quedaba paralizada, como si hubiera soltado un gato muerto sobre la mesa.
Ahora: digo “tirando, ¿y tú?” y me ahorro el informe clínico. Me río sola al recordar la cara de la profesora que recibió mi respuesta completa en 1998
"Vamos viendo” como confirmación de plan.
Antes: pasaba horas intentando adivinar si vamos viendo significaba mañana, la semana que viene o “nunca, pero no me atrevo a decirlo”. Hacía simulaciones mentales tipo NASA y ninguna daba resultado claro.
Ahora: traduzco vamos viendo como “no tengo ni idea de lo que quiero pero quiero que tú estés disponible por si se me antoja”. Y respondo con mi nuevo lema: no juego sin horario confirmado y coordenadas exactas.
Antes: pasaba horas intentando adivinar si vamos viendo significaba mañana, la semana que viene o “nunca, pero no me atrevo a decirlo”. Hacía simulaciones mentales tipo NASA y ninguna daba resultado claro.
Ahora: traduzco vamos viendo como “no tengo ni idea de lo que quiero pero quiero que tú estés disponible por si se me antoja”. Y respondo con mi nuevo lema: no juego sin horario confirmado y coordenadas exactas.
Conversaciones con subtexto
Antes: cuando me preguntaban algo, yo respondía con la verdad, educación y datos precisos. Contestaba lo que me preguntaban, ni más ni menos. Pero eso parecía ofender. Me miraban como si les hubiera escupido a la cara. Me tomaban por borde cuando en realidad estaba haciendo un esfuerzo quirúrgico por ser exacta y útil.
Ahora: ya entendí. Las conversaciones son como rituales tribales: hay que adivinar intenciones, leer entre líneas y hacer ruidos de interés en los momentos correctos.
No lo hago del todo bien, pero me esfuerzo. Y si alguien me empieza a caer bien, le aviso: “soy autista; si me lanzas indirectas, rebotan y vuelven a ti.”
Antes: cuando me preguntaban algo, yo respondía con la verdad, educación y datos precisos. Contestaba lo que me preguntaban, ni más ni menos. Pero eso parecía ofender. Me miraban como si les hubiera escupido a la cara. Me tomaban por borde cuando en realidad estaba haciendo un esfuerzo quirúrgico por ser exacta y útil.
Ahora: ya entendí. Las conversaciones son como rituales tribales: hay que adivinar intenciones, leer entre líneas y hacer ruidos de interés en los momentos correctos.
No lo hago del todo bien, pero me esfuerzo. Y si alguien me empieza a caer bien, le aviso: “soy autista; si me lanzas indirectas, rebotan y vuelven a ti.”
La gente que se ofende porque no saludé con entusiasmo.
Antes: me pasaba horas repasando si moví la mano lo suficiente, si mi cara parecía viva o si debería haber sonreído con dientes. Me sentía culpable por no parecer humana al entrar en algun sitio con gente.
Ahora: si me lo dicen, contesto: “ no soy de gestos grandes, pero me alegra verte”. Lo intento. A veces lo consigo. Y otras sigo pareciendo una planta de interior. Me da igual.
Antes: me pasaba horas repasando si moví la mano lo suficiente, si mi cara parecía viva o si debería haber sonreído con dientes. Me sentía culpable por no parecer humana al entrar en algun sitio con gente.
Ahora: si me lo dicen, contesto: “ no soy de gestos grandes, pero me alegra verte”. Lo intento. A veces lo consigo. Y otras sigo pareciendo una planta de interior. Me da igual.
Llamadas telefónicas inesperadas.
Antes: pánico automático. Sentía que alguien invadía mi casa por el oído. ¿Qué clase de persona llama sin avisar? ¿Qué esperan que diga? ¿Que improvise en voz alta??
Ahora: no contesto. Fin.
Antes: pánico automático. Sentía que alguien invadía mi casa por el oído. ¿Qué clase de persona llama sin avisar? ¿Qué esperan que diga? ¿Que improvise en voz alta??
Ahora: no contesto. Fin.
Chistes en grupo
Antes: me sentía idiota. Reía con retraso, por imitación, sin saber de qué iba la broma. Lo fingía para no parecer más rara .
Ahora: si no lo entiendo, sigo con mi cara habitual. A veces me río de no haberlo pillado. Y a veces me hubiera alegrado más no haberlo entendido, porque el chiste era una mierda.
Antes: me sentía idiota. Reía con retraso, por imitación, sin saber de qué iba la broma. Lo fingía para no parecer más rara .
Ahora: si no lo entiendo, sigo con mi cara habitual. A veces me río de no haberlo pillado. Y a veces me hubiera alegrado más no haberlo entendido, porque el chiste era una mierda.
Gente que dice “solo será un rato” como si eso no implicara el colapso completo del día.
Antes: decía que sí, iba y luego pasaba tres días en silencio, sin poder hablar ni con las plantas. Me sentía defectuosa por no tolerar “un rato”.
Ahora: digo “gracias, pero no puedo”. Y si insisten, contesto: “una hora contigo me cuesta tres de silencio absoluto, una migraña y dos días sin querer ver caras, que me dejes, coño ya”.
Aprendí que decir que "no" no es egoísmo y si lo es me da igual.
Antes: decía que sí, iba y luego pasaba tres días en silencio, sin poder hablar ni con las plantas. Me sentía defectuosa por no tolerar “un rato”.
Ahora: digo “gracias, pero no puedo”. Y si insisten, contesto: “una hora contigo me cuesta tres de silencio absoluto, una migraña y dos días sin querer ver caras, que me dejes, coño ya”.
Aprendí que decir que "no" no es egoísmo y si lo es me da igual.
Los silencios incómodos
Antes: me sentía culpable si no llenaba el aire con palabras. Hablaba por compromiso, por reflejo social, por no parecer una lámpara.
Ahora: disfruto del silencio, me gusta . Y si alguien se incomoda, me dan ganas de ofrecerle un libro o una manta. Me da igual, yo estoy bien (no haré el chiste de Pedro S)
Antes: me sentía culpable si no llenaba el aire con palabras. Hablaba por compromiso, por reflejo social, por no parecer una lámpara.
Ahora: disfruto del silencio, me gusta . Y si alguien se incomoda, me dan ganas de ofrecerle un libro o una manta. Me da igual, yo estoy bien (no haré el chiste de Pedro S)
Las relaciones amorosas
Antes: creía que si alguien me gustaba y yo se lo decía, ya estaba. Lógico, directo.
Pues no. Había fases, señales, gestos ambiguos, silencios cargados . Me enamoraba como un Excel: todo alineado, todo claro y todo mal, fatal.
Ahora: estoy casada, pero sigo sin entender por qué para ligar hay que hacerte el interesante en lugar de decir “me gustas, ¿vamos a comer algo o a fingir que nos caemos bien primero?”. Si tuviera que volver a empezar con estos rollos, avisaría: si juegas a hacerte el interesante, me voy a casa pensando que no quieres nada y me pongo a leer, tú mismo.
Antes: creía que si alguien me gustaba y yo se lo decía, ya estaba. Lógico, directo.
Pues no. Había fases, señales, gestos ambiguos, silencios cargados . Me enamoraba como un Excel: todo alineado, todo claro y todo mal, fatal.
Ahora: estoy casada, pero sigo sin entender por qué para ligar hay que hacerte el interesante en lugar de decir “me gustas, ¿vamos a comer algo o a fingir que nos caemos bien primero?”. Si tuviera que volver a empezar con estos rollos, avisaría: si juegas a hacerte el interesante, me voy a casa pensando que no quieres nada y me pongo a leer, tú mismo.
Generated by Thread Navigator
Press ⌘ + S to quick-export
