En 1959, un campesino indio perdió a su esposa porque había que dar un rodeo de 70 km para bordear una montaña y llegar al hospital.
Juró que aquello no volvería a ocurrir y decidió partir esa montaña en dos con sus propias manos. Piedra a piedra...
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Dashrath Manjhi vivía en Gehlaur, un pequeño pueblo del norte de la India aislado por una cadena montañosa que provocaba que tuvieran que rodearla para poder salir del pueblo.


En 1959, su esposa, Falguni, sufrió un accidente doméstico grave. Trató de llevarla al hospital, pero el camino era demasiado largo y peligroso, por lo que murió en sus brazos antes de poder llegar.

Dashrath juró que nadie más viviría aquella tragedia. Así que, al día siguiente, tomó un martillo, un cincel y un pico, y comenzó a golpear la montaña que había matado a su esposa. Sin máquinas ni ayuda. Solo la fuerza de un hombre humilde enfrentándose a una mole de piedra.

Todos creyeron que se había vuelto loco y se burlaban de él, diciéndole que era imposible, que no podría mover una montaña él solo, pero Dashrath no escuchaba, tan solo golpeaba la piedra desde el amanecer hasta la noche con sus manos sangrando y su cuerpo agotado.

Durante años, la montaña apenas mostró señales de rendirse, pero su determinación era mayor que la de cualquier roca. Mientras picaba la montaña, vivía casi en la miseria, trabajando en los campos de cultivo de sus vecinos, pero él seguía golpeando la roca.

Pasaron cinco años, diez, quince... y, mientras Dashrath envejecía, la montaña también cedía poco a poco. Sus vecinos empezaron a verlo con curiosidad e incluso con admiración, aunque la mayoría seguía pensando que no podría terminar lo que había empezado.

Pero sí lo hizo.

En 1982, tras 22 años de trabajo diario, la montaña se rindió. Dashrath logró abrir un camino de más de 100 metros de largo, 9 metros de ancho y 7 metros de alto, atravesando la roca que había separado a su pueblo del resto del mundo.

Lo que antes eran 70 kilómetros, ahora era menos de 1 kilómetro de recorrido fácil y seguro. El hospital, las escuelas, los mercados... todo estaba ahora al alcance de una breve caminata y Dashrath había cumplido su promesa: nadie más moriría por culpa de aquella roca.

De pronto, el loco se convirtió en héroe. Los periódicos hablaron de él, y gente de toda India comenzó a visitarle. Pero Dashrath no quería fama, sino justicia para los pobres de su pueblo, y que el gobierno asfaltara el camino que había tallado con sus manos.

Murió en 2007, dejando tras de sí un legado inolvidable, sin ver el camino asfaltado, algo que hizo el Estado en 2011, que además mejoró el acceso. El camino lleva hoy su nombre: “Dashrath Manjhi Path”, símbolo de amor, determinación y esperanza.

Su historia se convirtió en películas y libros, inspirando a millones en todo el mundo, pero él nunca buscó reconocimiento, solo justicia. Porque la montaña partida por Dashrath no era solo un nuevo camino, era la prueba de lo que el ser humano puede hacer por amor.


La próxima vez que te sientas frente a algo que parece inalcanzable, recuerda a Dashrath y su montaña. Porque, a veces, a veces, la única herramienta que necesitas para cambiar el mundo es la voluntad de no rendirte jamás...

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