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Cáncer Integral
@CancerIntegral
Hace más de 15 años comenzó mi despertar.

La enfermedad de Miriam y mis investigaciones supusieron una disonancia cognitiva que, afortunadamente, pude superar.

Eso no fue nada comparado con lo que sucedió hace 5 años y que me obligó a abrir los ojos aún mas: ahí pude trasladar lo que sabía del cáncer a TODO el sistema.

Pero aún me quedaba un despertar aún más abrupto, que ha sucedido últimamente, y que me ha permitido alcanzar (quizás) el fondo de la madriguera de conejo.

Un despertar que, en realidad, nos sitúa en una aparente pesadilla.

Un descenso a la sima insondable de la maldad, que nos enfrenta a la definición de lo que nos hace humanos.

Un conocimiento que incluye la espiritualidad, el propósito último de nuestra existencia, la valoración de tanta maravilla que han intentado denigrar, arrastrándonos a su fango prosaico, zafio y vulgar.

Ahora sé que soy mucho menos inteligente de lo que creía ser, pero eso está bien, porque a la vez también soy mucho más de lo que creía ser y al menos he podido alcanzar un vislumbre de la maravilla que nos envuelve, una que los demonios que intentan controlarnos JAMÁS podrán ya arrebatarme.

Estamos aquí para algo. Tenemos un motivo, un propósito, quizá hasta un destino. Eso es lo único que realmente importa.

Cada día agradezco más lo que tengo y, sobre todo, lo que me impulso a conseguir.

Esto es un viaje interminable de comprensión, aprendizaje y materialización de lo único realmente importante: el amor.

Seguiré mandando a pastar a tanto miserable, seguirá hirviendome la sangre ante cada injusticia, pero ya no será un motor que gira en vacío.

Un hombre con un propósito se convierte en imparable, incluso aunque fracase, porque no deja de aprender.
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