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Padre Tomas Agustin Beroch
@PadreTomasB
Queridos amigos:

Esta es la homilía que prediqué en la Misa de Pascua.
¡Un abrazo grande! ¡Que Cristo viva siempre en nuestras almas!

¿ERES DE LOS QUE CREEN EN LA RESURRECCIÓN?

Hoy estamos celebrando el día más importante para toda la humanidad. Cristo resucitó y venció al Maligno. Cristo con su muerte venció la muerte, y con su resurrección nos ofrece la vida eterna. San Pablo dice que si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe.

Cuando el Señor resucitó, una de las cosas que podemos observar es que sus amigos, no creyeron en su resurrección. Los Apóstoles estaban todos encerrados en sus casas. Salvo San Juan, ninguno estuvo al pie de la cruz en el momento de la Pasión del Señor, e inclusive San Juan no esperaba su resurrección, como tampoco la esperaban las santas mujeres ni ninguno de los seguidores del Señor. María Magdalena fue a visitar el sepulcro de Jesucristo para embalsamar su cuerpo con perfumes, pero no esperaba encontrarlo al Señor vivo sino muerto. Los amigos de Jesús, sus Apóstoles, las santas mujeres, nadie esperaba la resurrección, pese a que habían sido testigos de grandes milagros, como la curación de paralíticos, de ciegos, y resurrecciones como las de Lázaro. Habían escuchado varias veces al Señor hablar de su Pasión y muerte, y también le habían escuchado decir que al tercer día resucitaría. Pero habían quedado tan golpeados con su muerte, que ni siquiera recordaban todo lo que el Señor les había enseñado.

En cambio quienes creían en la resurrección del Señor eran sus enemigos. Los fariseos y sumos sacerdotes, que tanto habían acusado a Jesucristo de no respetar el descanso sabático, ellos mismos lo rompieron al descanso para poder ir a hablar con Poncio Pilato. Le pidieron a Poncio Pilato una guardia romana para evitar que los Apóstoles roben el Cuerpo, pero sin embargo lo que ellos recordaban era que Jesús había dicho varias veces que al tercer día resucitaría. Se tomaron bien en serio las palabras del Señor cuando anunció su resurrección, es por eso que pidieron la guardia romana. No tanto por miedo a que los Apóstoles roben el cuerpo, pues estaban muertos de miedo escondidos en sus casas. Sabían que Cristo iba a resucitar, pues sabían que era el Mesías, habían visto sus milagros, habían escuchado su enseñanza, y sabían que lo habían matado injustamente. Se tomaron bien en serio cuando el Señor dijo que al tercer día resucitaría.

De hecho, solamente una vez en la historia el ejército más potente del mundo ha custodiado la tumba de un muerto, y fue con la tumba de nuestro Señor Jesucristo. A Cristo lo habían crucificado, lo habían flagelado, le habían puesto una corona de espinas y además le habían atravesado el corazón con una lanza. Sabían que estaba muerto. ¿Qué sentido tenía pedirle al ejército más poderoso del mundo que custodiara un muerto que ellos sabían perfectamente que lo habían matado? Era la cosa más irracional y ridícula del mundo. Sin embargo, lo hacían porque creían en su resurrección. Eran sus enemigos, pero creían en las palabras de Jesucristo. No solo pusieron una guardia romana, sino que además pusieron una inmensa piedra arriba en la tumba, cosa que, si el muerto resucitare, tendría que ser lo suficientemente fuerte para quitar la piedra y combatir a los soldados.

Pero lo que hay que tener en cuenta es que los fariseos y los sumos sacerdotes, que odiaban a Jesucristo, CREÍAN en su resurrección, por eso tomaron todas las precauciones que tomaron.

De hecho, cuando Cristo resucitó, los soldados romanos, que habían presenciado el hecho, fueron a hablar con los sumos sacerdotes y fariseos para avisarles que Cristo había resucitado. Los fariseos y Sumos sacerdotes, sabiendo que el Señor estaba vivo, quisieron ocultar el hecho. Entonces les pagaron a los soldados romanos para que dijeran que los Apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús mientras ellos dormían. Esa mentira que los fariseos y sumos sacerdotes les hicieron decir a los soldados romanos fue la mejor prueba de la resurrección. ¿Porqué? Por tres motivos: era evidente que era una mentira ya que los Apóstoles estaban escondidos muertos de miedo en sus casas, y no esperaban la resurrección. Además, una guardia romana estaba constituida por 5 o 10 soldados. Era imposible que 5 o 10 soldados se duerman a la vez, pues eso hubiese implicado que los hubieran decapitado a todos. Y además, San Agustín se burla de los fariseos y de los soldados romanos diciendo: "Si estaban dormidos, ¿cómo pudieron ver que robaron el cuerpo?". Una persona dormida no ve nada, por lo tanto, la mentira que inventaron proporcionó la mejor prueba de la resurrección.

Esto es lo curioso, que los enemigos de Jesucristo creyeron en su resurrección y los amigos no. Jesucristo tuvo que comer pescado delante de sus Apóstoles para que creyeran que él estaba vivo, ya que cuando lo vieron creyeron que era un fantasma.

Hoy en día la historia se repite. Los enemigos de Jesucristo creen realmente que él es el único Salvador del Género humano, y por eso es que lo atacan. Los medios de comunicación atacan permanentemente a la Iglesia Católica hablando de los malos sacerdotes (como los sacerdotes pedófilos) y hablando de todo cristiano que es una manzana podrida dentro de la Iglesia. No negamos que un pedófilo no puede ser encubierto y que debe ir a la cárcel. Tampoco defendemos lo indefendible. Los malos cristianos existen y existirán. Sin embargo, son mas las buenas manzanas que las malas. Son más los sacerdotes que hacen del bien a los pobres en los países indigentes y aquellos que buscan la salvación de las almas.

¿Porqué siempre los medios de comunicación hablan de las frutas podridas y nunca mencionan a las buenas, que son la mayoría? En las películas de Hollywood, siempre el personaje malo es un cristiano. ¿Porqué lo hacen? Porque realmente creen que Jesucristo es Dios, creen que él es el Salvador del mundo, pero no quieren seguirlo, porque al igual que los fariseos, Cristo va contra sus intereses. El Señor va a triunfar, les guste o no les guste a sus enemigos.

Quisieron tapar la resurrección, pero no pudieron. Tampoco podrán destruír a su Iglesia, por más que la ataquen y quieran ensuciarla. El triunfo es de Jesucristo, y eso nuestro Señor lo muestra con su resurrección. Ni las puertas del infierno ni los poderes del mal prevalecerán ni triunfarán, ya que Dios está vivo entre nosotros y a él pertenece la victoria final.

Sin embargo, los que nos decimos cristianos muchas veces nos mostramos como si no creyésemos en la resurrección de Cristo. Los enemigos de la Iglesia ponen todo el empeño en atacarla y destruirla, y muchas veces los católicos no defendemos a nuestra Iglesia y al Señor como debemos hacerlo.

Queridos hermanos, hoy más que nunca Cristo nos llama a ser testigos de su resurrección. No basta con decir que creemos con nuestras palabras. Debemos demostrarlo con nuestras obras. Hoy más que nunca debemos mostrarle a Cristo que creemos en él y que en él tenemos nuestra confianza, aún cuando estemos sufriendo muchas penas. Sabemos que luego de la muerte viene la resurrección y el Señor sabrá sacar de los grandes males, bienes aún mayores. Hoy más que nunca tenemos que ser testigos de la resurrección en nuestras familias, entre nuestros amigos, con todos nuestros prójimos. Debemos predicar la resurrección de Cristo con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestras obras. Es importante hoy más que nunca perdonar a los que nos ofendieron, pedirle perdón al Señor a través del sacramento de la confesión, pedirle perdón a las personas que ofendimos y ser humildes, no querer tener siempre la razón, amar más que nunca a mi esposo, a mi esposa, a mis hijos, a mis padres, luchar contra el aborto y defender la vida desde la concepción hasta la muerte, defender el matrimonio solo entre hombre y mujer, participar de la Santa Misa todos los domingos, etc. Hoy más que nunca debemos ser testigos de la resurrección predicando el Evangelio no solo con nuestras palabras, sino con nuestras obras y llevando una vida coherente con la fe que profesamos con nuestros labios. Quien busca ser testigo de la resurrección del Señor con sus palabras y obras, heredará la vida eterna, de lo contrario la perderá.

A la Madre de Dios, que fue la única que nunca perdió la fe en la resurrección de su Hijo, le pedimos que nos de la gracia de ser testigos de la resurrección del Señor no solo con nuestras palabras, sino también con nuestras obras.
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