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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
En un esquina de Roma hay una iglesia muy pequeña que solo se ve en escorzo, que parece de piedra pero está construida con Tiempo.

Y la construyó un perdedor que no la vio terminada.

En #LaBrasaTorrijos, San Carlo alle Quattro Fontane y la matemática de Dios.
🧵⤵️
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
El 30 de julio de 1667, Francesco Borromini quemó todos sus dibujos y escritos. Tres días después, se arrojó contra su propia espada.

Fue el final.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Borromini, nacido Francesco Castelli, procedía de una familia no especialmente acomodada del cantón de Ticino. Su padre, aunque interesado en las artes, solo era un cantero más o menos humilde.

Por eso, quiso enseguida que el niño Francesco fuese más que él.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
El niño Francesco llegó a Milán en 1614, con 15 años, y allí estudió arquitectura y escultura. E incluso trabajó en el Duomo; en la Catedral de Milán.

Quizá allí entendió lo que significaban las líneas de fuerza, las curvas de carga.

La geometría del espacio.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Pero los costos de su formación fueron elevados y, con el tiempo, la deuda que recaía sobre su padre se volvió insostenible. Iracundo y propenso a la culpa, Francesco huyó de Milán sin avisar a su familia.

Con 20 años llegó a Roma y adoptó el nombre de Borromini.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Allí encontró su primer gran encuentro: su pariente Carlo Maderno, quien lo puso a trabajar en la Basílica de San Pedro.

Maderno enseguida notó su talento para la geometría, la matemática detrás de la arquitectura.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
La basílica estaba casi terminada pero restaba un elemento clave: el Baldaquino.

Era 1624 y apareció en su vida la segunda persona que lo marcaría para siempre: Gian Lorenzo Bernini.

Porque esta es una historia de buenos y malos.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Como Mozart y Salieri, Bette Davis y Joan Crawford, Mark Lenders y Oliver Aton. Y, en esta historia, el bueno era Bernini.

Bernini era afable, simpático y tenía el favor del Papa.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Convertía el mármol en carne, corregía con un gesto los errores de Maderno en la Plaza de San Pedro y, con el Baldaquino, transformaba el centro de la cristiandad en la cumbre del Barroco.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Salvo que, en realidad, no fue así.

Bernini era un escultor formidable, sí, pero como arquitecto, se dejaba llevar por la grandiosidad.
Así, aunque Bernini se llevase el merito, es probable que los cálculos del Baldaquino fuesen de Borromini.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Algo similar ocurrió en el Palazzo Barberini, que teóricamente construyeron juntos, pero cuya firma fue solo de Bernini.
Para entonces, Borromini estaba ya harto, así que decidió pasar de ayudar a Bernini.
Pedro Torrijos
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Y eso se notó en las escaleras. La de Bernini va casi a tiro fijo.

La de Borromini, en cambio, es un prodigio geométrico, una danza de curvas y contracurvas.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Supuestamente trabajaban juntos pero Bernini cobraba mucho más y, después de que le estafase con una empresa de mármol, Borromini decidió irse por su cuenta.
Pedro Torrijos
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Tras casi cargarse la fachada de San Pedro por culpa de, ejem, ir tanto con los huevos fuera, Bernini cayó en desgracia, si bien se recuperó pronto porque, bueno, porque era afable y simpático. Además del mejor escultor de su época (y quizá de la historia).
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Borromini, sin embargo, de relaciones públicas iba regular.

Siempre fue huraño, hosco y difícil. Siempre fue ascético e irascible. Casi como si los hombres le molestasen.

Casi como si solo le interesase la máquina numérica con la que veía la arquitectura.
Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Porque mientras el napolitano se convertía en el héroe del barroco, Borromini hacía...edificios menores.

Magníficos, sí, pero de importancia menor.

Sant' Ivo alla Sapienza (que le llegaría por gracia de Bernini), Santa Inés en la Agonía o el Oratorio de los Filipinos.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Y en esas obras "menores", Borromini, hosco y huraño, seguía confiando en la matemática.

Como si se despegase de los hombres. Como si fuese su única manera de trascender.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Por eso, su obra más menor y más pequeña es también la mejor.

La primera obra que hizo en solitario. La obra que, sin contactos en Roma, le encargaron unos frailes españoles, los Trinitarios.

San Carlo alle Quattro Fontane.

San Carlino.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
San Carlino es pequeña. Pequeñísima. De apenas 20 metros de largo por 11 de ancho. Casi del tamaño del Baldaquino.

Pero es un prodigio de articulaciones de espacio, de comprensión del terreno, de hacer todo lo posible con lo que se tiene.
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Pedro Torrijos
@Pedro_Torrijos
Porque, sobre todo, San Carlo alle Quattro Fontane es un prodigio del tiempo.

Del Tiempo.

Y el Tiempo es la única manera de entender la arquitectura Barroca.

Y, en realidad, la única manera de entender la arquitectura.
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