El 20 de junio de 1898 tuvo lugar un ridículo y disparatado evento que marcó el fin de 300 años de presencia en el Pacífico de uno de los mayores imperios de todos los tiempos: el Imperio español. Así se perdió la isla de Guam, la Perla del Pacífico. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

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Guam es la mayor isla del archipiélago de las Marianas, a 2.500 km al este de las Filipinas. Podría pensarse que se trata de un punto sin ningún tipo de interés social o militar, pero realmente es un lugar situado en un valioso y estratégico punto, tanto ahora como en el pasado.

En la actualidad, la base estadounidense que hay en Guam puede lanzar misiles a Corea del Norte o China y, durante la Segunda Guerra Mundial, los aviones japoneses que bombardearon Pearl Harbor partieron de las Marianas.

Durante la época colonial española, Guam era el lugar de abastecimiento de la ruta que conectaba América, Asia, Europa y Oceanía y por ello era conocida como la Perla del Pacífico.

El 22 de enero de 1565, Miguel López de Legazpi tomó posesión de Guam en nombre del Imperio español, cuando viajaba camino a Filipinas, aunque la primera presencia española estable y permanente fue una misión que se fundó en 1668.

Diego de San Vitore, un jesuita que había llegado a la zona para predicar el catolicismo entre los isleños, puso a aquel archipiélago de 15 islas el nombre de “Marianas”, en homenaje a Mariana de Austria, la reina regente de Carlos II.

Esta pequeña isla de 500 kilómetros cuadrados se convirtió en determinante para el Imperio, donde se aprovisionaba el Galeón de Manila, un convoy de transporte que cruzaba el océano Pacífico una o dos veces al año entre Manila y los puertos de Nueva España.

El Galeón de Manila no solo era portador de valiosas y exóticas mercancías, sino que tuvo un gran impacto e influencia espiritual, social, económico y cultural en los países que enlazaba en una de las rutas comerciales más largas de la historia.

Por ello se levantaron en la isla de Guam varias fortificaciones y defensas que estaban al cargo de una pequeña guarnición militar, hasta que en 1821, con la independencia de México, la ruta comercial cayó en desuso.

Esta circunstancia provocó que aquella fabulosa isla se convirtiera en un pedrusco olvidado al que se solía enviar a aquellos políticos que tenían ideas demasiado progresistas. Y llegó 1898, uno de los años más nefastos de la historia de España.

Las pocas colonias que le quedaban habían empezado a sufrir revueltas con ánimos independentistas y Estados Unidos empezó a ver con buenos ojos que los españoles se volvieran por donde habían venido para poder hacerse con una apetitosa presa que llevaban años anhelando: Cuba.

Mantener el orden en sus provincias de ultramar costaba al Estado español hombres y dinero que no tenía, así que los estadounidenses creyeron que era el mejor momento para hacerse con ellas, pero como España rechazaba las ofertas de compra yankis, decidieron hacerlo por las malas.

A las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una gran explosión iluminaba el puerto de La Habana. El acorazado estadounidense USS Maine, que había llegado a Cuba 20 días antes para presionar a España, había saltado por los aires, falleciendo 256 de sus 355 tripulantes.

Los españoles negaron tener relación alguna con la explosión, pero la campaña mediática realizada por los periódicos norteamericanos convenció a la opinión pública estadounidense de la culpabilidad española.

El 25 de abril se iniciaba la guerra hispano-estadounidense, que acabaría extendiéndose al resto de provincias españolas: Puerto Rico, Filipinas y Guam, donde la guarnición española, formada por 54 soldados y 4 oficiales, vivía ajena a la noticia.

El último mensaje que habían recibido desde Manila les informaba de que las hostilidades iban en aumento y que se estaba intentando utilizar la vía diplomática de forma amistosa para rebajar los ánimos.

Pero en la mañana 20 de junio de 1898, un contingente estadounidense formado por el nuevo crucero “USS Charleston”, escoltado por el “City of Pekin”, el “Australia” y el “City of Sidney”, con más de 2.000 marines a bordo al mando del capitán de navío Henry Glass fue avistado.

El USS Charleston, fuera del alcance de las defensas españolas, disparó tres andanadas con sus espectaculares, flamantes y nuevos cañones y Glass dio orden de zafarrancho de combate a la espera de la respuesta por parte de las baterías españolas.

Glass iba de camino a Manila para reforzar al almirante George Dewey en la toma del archipiélago de las Filipinas, pero había recibido órdenes de tomar antes la pequeña isla de Guam.

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