Una noche de 1963, una niña avisó a su padre de que tenía un fuerte dolor de garganta. Esa misma noche tomó unas muestras y comenzó a trabajar en una vacuna. Su nombre era Maurice Hilleman, uno de los hombres que más niños ha salvado en la historia. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Maurice nació en 1919, durante la pandemia de gripe española, en una zona rural de Montana, en Estados Unidos. Era el más joven de nueve hijos y tuvo que ser criado por sus tíos, ya que su madre y su hermana gemela murieron al nacer él. Otro de sus hermanos murió de apendicitis.

La familia era muy pobre y tenían que lidiar con climas muy difíciles, períodos de sequía, inundaciones y frío extremo.

Tanta mortalidad a su alrededor quizá produjo ese impulso y deseo de hacer algo útil por los demás que mantuvo a lo largo de toda su vida, aun sabiendo que su objetivo era imposible: eliminar cualquier enfermedad que pudiera hacer sufrir a los niños.

En 1957, leyó una noticia en The New York Times sobre un extraño aumento de contagios por gripe en Hong Kong. Sospechaba de un cambio genético significativo y creyó que podría convertirse en una pandemia, así que solicitó muestras a Hong Kong y confirmó sus peores temores.

Avisó a las autoridades, incluida la OMS, que ignoraron la amenaza, pero, mientras tanto, Hilleman consiguió movilizar a distintos laboratorios y compañías.

Gracias a su esfuerzo, cuando la pandemia de gripe asiática llegó a los Estados Unidos meses después, había 40 millones de vacunas disponibles adaptadas a la nueva y agresiva cepa.

Aquella pandemia se cobró alrededor de 70.000 vidas estadounidenses; sin embargo, sin la ayuda de Hilleman, podrían haber sido millones, pero, aun así, hoy en día, casi nadie le recuerda.

La noche en que su hija lo despertó, descubrió que sufría de parotiditis (paperas), una enfermedad muy frecuente y leve, pero que podía dar lugar a meningitis o sordera y por eso se puso a trabajar frenéticamente en una vacuna para que ningún niño tuviera que sufrirla.

Tres años después, la vacuna era una realidad y con el tiempo pasaría a formar parte de la triple vírica, con la que millones de niños y niñas se vacunan en la actualidad cada año.

A pesar de tener una importancia para la ciencia a la altura de Einstein, Curie o Jenner, nunca le fue reconocida. Quizá porque trabajaba para la industria farmacéutica, quizá porque era un gruñón maleducado o quizá porque nunca quiso hacerse famoso.

Lo único que sabemos es que Maurice Hilleman creó, entre muchas otras, las vacunas contra el sarampión, las paperas, la rubeola, la hepatitis B o la varicela, que han salvado y salvan millones de vidas de niños cada año.

Su importancia en la historia es brutal conociendo este simple dato: de las catorce vacunas que se les administran habitualmente a los niños, nueve fueron creadas o desarrolladas por él.

Maurice Hilleman es, posiblemente, el hombre que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad: el hombre de las 40 vacunas. Y hasta hoy, no lo conocías...

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