Hay quienes darían cualquier cosa por un objeto de sus ídolos: una camiseta, un mechón de pelo, un autógrafo... una fascinación que no es algo moderno. En Roma se pagaban auténticas fortunas por el sudor de los gladiadores, su sangre y partes de su cuerpo. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Los gladiadores y atletas de Roma eran vistos como un ejemplo de poder, fuerza y energía y eran adorados casi como dioses.

Hasta tal punto era así, que en los lugares en los que entrenaban o se aseaban, había personas que recogían la mezcla de sangre, sudor y aceites que se limpiaban de su cuerpo, para guardarlo y venderlo por pequeñas fortunas a cualquier incauto dispuesto a pagarlas.

Conocida como "strigimentum", esta mugre corporal exfoliada era un producto del cual se creía que tenía propiedades curativas cuando provenía de los atléticos cuerpos de los gladiadores, héroes de Roma y el imperio.

Esta mezcla se vendía a admiradores que se la untaban en el cuerpo con la esperanza de conferirse la vitalidad y la salud del atleta. Se consideraba tan valiosa que había personas que raspaban las paredes de las casas de baños contra las que los atletas se habían apoyado.

Hombres y mujeres ricas de Roma compraban pequeñas cantidades de este producto para usarlo también como crema facial o para tratar dolencias y problemas físicos, ya que se creía que parte de la energía del atleta estaba contenida en ellos y, en consecuencia, podía curar.

Además, había hombres y mujeres que pagaban grandes sumas de dinero por pasar una noche con los gladiadores con la única condición de que no se ducharan tras la lucha para poder así recoger su sudor.

Y no solo el sudor era valioso. Se creía que una persona epiléptica se curaría si bebía la sangre caliente de un gladiador recién muerto en combate, algo que rara vez ocurría, ya que los gladiadores eran inversiones cuidadas con mimo que en contadas ocasiones morían en la arena.

Esta creencia venía motivada porque los romanos pensaban que esta enfermedad era consecuencia de una intervención divina, así que solamente la sangre de un semidiós viviente podría acabar con ella.

Por eso, cuando un gladiador caía muerto en la arena, los enfermos por epilepsia se abalanzaban sobre sus heridas abiertas para chuparles la sangre cual vampiros de Roma en una escena que, aunque pueda parecer imposible, es confirmada por multitud de fuentes de la época.

En cambio, si la sangre era de un vencedor en combate, se conseguía mejorar la salud y obtener más suerte. Y si con esto no era suficiente, a los gladiadores vencidos en la arena se le extraía el hígado en trocitos para usarlo con otros fines terapéuticos. Todo valía...

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