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Iván Fernández Amil
@ivanfamil
¿Sabías que, en 1815, un general español asaltó el museo del Louvre para recuperar las obras de arte saqueadas por Napoleón durante la ocupación francesa?

Así fue como Miguel Ricardo de Álava logró rescatar uno de los mayores expolios de todos los tiempos

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Iván Fernández Amil
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Miguel nació en Vitoria, en 1772, en una familia noble. Era sobrino de Ignacio María de Álava, un legendario marino que está enterrado con honores en el Panteón de Hombre Ilustres de Madrid.
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La influencia de su tío acabó provocando que Miguel, a los trece años de edad, ingresara en el Regimiento de Infantería de Sevilla número 11, donde estuvo formándose hasta 1790, momento en que decidió unirse a la Armada.
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Como marino pasó por diferentes buques y fue ascendiendo hasta llegar, en 1794, a teniente de fragata bajo las órdenes de su tío, con quien comenzó la vuelta al mundo, aunque no puedo terminarla, ya que desembarcó en Sudamérica, donde estuvo hasta 1800.
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Iván Fernández Amil
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En 1805 fue trasladado a Cádiz, donde se preparaba la invasión de Inglaterra por parte de Napoleón con una flota franco-española dirigida por el vicealmirante Pierre Charles Silvestre de Villeneuve.
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Pero las cosas no salieron como se esperaba, así que la flota combinada se tuvo que refugiar en Cádiz bloqueada por Horatio Nelson, quien acabó enfrentándose a españoles y franceses en la legendaria batalla de Trafalgar, que ganaron los ingleses.
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Hasta ese momento, España y Francia eran aliadas, pero el 2 de mayo de 1808, los españoles se alzaron en armas, conscientes de que los galos habían venido para quedarse.
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Miguel huyó a Madrid y dos años después fue designado enlace del duque de Wellington, Arthur Wellesley, comandante en jefe del ejército británico en España tras la muerte en la batalla de Elviña en A Coruña de Sir John Moore.
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Iván Fernández Amil
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Los franceses fueron expulsados de España y, poco después, Miguel fue ascendido, le concedieron la cancillería de los Países Bajos y fue nombrado embajador en París, donde se le encargó recuperar el patrimonio robado durante la ocupación francesa de la península.
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La voracidad de los franceses no tuvo límites e incluso Napoleón, había decidido crear un museo como el Louvre en Madrid, en el Palacio de Buenavista, para frenar el expolio, pero no funcionó, por lo que muchas de esas obras de incalculable valor salieron de España rumbo a París.
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Durante su huída, los generales galos se llevaban todo lo que encontraban a su paso en iglesias, conventos, colecciones privadas… Benito Pérez Galdós lo resumió muy bien: “No pudiendo dominar España, se la llevaban en cajas”.
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Iván Fernández Amil
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Derrotados, los franceses atravesaron la frontera con más de 2.000 carruajes cargados de obras de arte, dinero, joyas, libros… en un convoy que ocupaba una longitud de 18 kilómetros.
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Parte de aquellas obras acabaron en manos del duque de Wellington, quien quiso devolverlas, pero Fernando VII le pidió que se las quedara con ellas, así que se las llevó a su residencia en Apsley House, en el Hyde Park londinense, lugar que hoy es conocido como Museo Wellington.
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Iván Fernández Amil
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Tras recibir la orden de recuperar el patrimonio robado del Louvre, Miguel se reunió con el rey de Francia, Luis XVIII, quien dijo su célebre frase: “Ni las doy, ni me opongo”, que el español consideró suficiente para, por su cuenta, tomar los cuadros del museo parisino.
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Iván Fernández Amil
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El 23 de septiembre de 1815, el capitán Nicolás Miniussir y Giorgeta, ayudante de Miguel, y el artista Francisco Lacoma, se presentaron en el Louvre acompañados de 200 soldados británicos escoltados por tropas prusianas, exigiendo la entrega.
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Iván Fernández Amil
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El director del museo se opuso apoyado por algunos parisinos que fueron testigos de la escena, por lo que Miniuissir informó a Miguel de que tan solo había podido sacar doce cuadros, pero que al día siguiente volvería más temprano para continuar con su tarea.
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Iván Fernández Amil
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Regresaron a la mañana siguiente consiguiendo llevarse doscientas ochenta y cuatro pinturas y otras ciento ocho piezas diversas, aunque allí se quedaron muchas obras de las colecciones privadas de los mariscales napoleónicos y las que hoy conforman la sala española del Louvre.
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Iván Fernández Amil
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Miguel depositó todo lo recuperado en la embajada española en París, desde donde viajaron a Bruselas para luego embarcarse en Amberes hacia Cádiz, ya que pensaba que era peligroso transportarlos a España a través de Francia.
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Las obras de arte llegaron en junio de 1816, guardándose en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Tres años más tarde, pasaron a formar parte del Museo Real de Pinturas, fundado por Fernando VII, lugar donde nacería años más tarde el actual Museo del Prado.
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Iván Fernández Amil
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Miguel fue recompensado por su gestión para la recuperación de estas obras y siguió sirviendo a su país llegando a participar en otra legendaria batalla, la de Waterloo, pasando a la historia por ser, el uno de los pocos hombres que sobrevivieron a Trafalgar y Waterloo.
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