El 18 de junio de 1815 Napoleón Bonaparte era vencido en Waterloo por los ejércitos de Prusia, Inglaterra y Holanda. Pero hubo otro gran ganador en aquella batalla, un banquero que dio el primer pelotazo financiero de la historia: Nathan Mayer Rothschild. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Al inicio de la década de 1810, Nathan era uno de los banqueros más prestigiosos de Londres, lo que hizo que el gobierno británico le confiara la misión de garantizar la liquidez necesaria para mantener la guerra contra Francia y Napoleón.

Entre 1814 y 1815, Nathan vivió de cerca sus enfrentamientos y contaba con información de primera mano, que le llegaba de su red de intermediarios por toda Europa.

En Waterloo, a 20 kilómetros de Bruselas, confluyeron los ejércitos de Wellington y de Napoleón en una batalla que los franceses perdieron.

Nathan Mayer Rothschild, gracias a sus redes de información, logró enterarse del resultado de aquel histórico combate dos días antes que el propio gobierno británico, así que decidió utilizar aquella información en su propio beneficio.

Un día antes de que los jinetes enviados por Wellington llegaran a Londres con la noticia de la victoria, el banquero comenzó a deshacerse de grandes cantidades de acciones, desatando el pánico entre las grandes fortunas, que interpretaron el movimiento como una derrota.

Si Rothschild, el banquero de la guerra, vendía acciones, solo podía ser porque sabía o tenía argumentos suficientes para saber que Inglaterra había perdido en Waterloo ante Napoleón.

La histeria se apoderó de cientos de inversores que imitaron al banquero deshaciéndose de millones de sus acciones, hundiendo la Bolsa de Londres. Tras tanta venta histérica, y con la bolsa en su punto más bajo, Rothschild compró todo lo que estaba a la venta a precios ridículos.

Un día después, las buenas noticias de Waterloo llegaron a Londres. La victoria de Wellington desató el júbilo y disparó la bolsa. Rothschild solo tuvo que recoger los frutos.

Natham Mayer Rothschild nunca dejó de trabajar para el estado británico y llegó a lanzar 26 grandes emisiones de deuda para financiar no solo a Inglaterra, sino a muchos otros países.

Cuando falleció, en 1836, Napoleón Bonaparte llevaba 15 años enterrado en la remota isla de Santa Elena, y él era ya uno de los hombres más ricos, exitosos y poderosos del mundo.

Su familia acabaría convirtiéndose en uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros del planeta.

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