DISCURSO DE PLATTERHOF
El 26 de mayo de 1944, Adolfo Hitler pronunció un discurso en el Platterhof de Berchtesgaden ante sus comandantes militares. En esta alocución, el Führer realizaba una declaración tajante, al manifestar que el pueblo alemán no podía definirse como una raza

en particular, sino como un Estado multirracial. El líder germano continuaba su exposición afirmando que, aunque esto ya estaba claro para millones de personas, hace 25 años, cuando él se iniciaba en la vida política e influenciado por los círculos sociales que frecuentaba,
consideraba que raza y pueblo se identificaban. Hitler se alejaba, con este planteamiento, de la teoría nacionalista (volksgeist) que defendía en el pasado y ya no interpretaba, en aquellas fechas, que la raza aria o nórdica fuese la etnia del pueblo germano, sino que la nación
alemana estaba compuesta por diversos núcleos raciales, que demostraban la riqueza de sus capacidades culturales. Cuando uno observa al pueblo alemán, afirmaba el político austriaco, no contempla a una raza determinada, sino a una sociedad unida por un idioma común, que ha
forjado un Estado nacional a lo largo de la historia. El Führer planteaba la existencia de ciertas habilidades innatas (pictóricas, musicales, etc), desde el punto de vista biológico, en las distintas etnias que componían el pueblo alemán, destacando que el núcleo racial nórdico
era excepcional en lo que se refiere al factor organizativo a nivel estatal. No obstante, existía también, según Hitler, otro elemento étnico con un talento comercial único dentro de Alemania, que era el de los judíos y que si hubieran permanecido en suelo germano por un período
de tiempo más largo, los hebreos no habrían crecido como un núcleo racial dentro del pueblo alemán, puesto que no se identifican con el mismo, sino que habrían descompuesto paulatinamente a la nación alemana completamente. Por tanto, resalta el Führer, es necesario, a la hora de
nombrar a las personas más adecuadas para el ejercicio de los diferentes cargos nacionales, tener en cuenta las habilidades raciales más idóneas para los mismos. Por ejemplo, para gobernar y dirigir políticamente a una nación, lo ideal sería el componente racial nórdico, debido a
su inherente capacidad organizativa estatal (Nationalpolitische Erziehungsanstalt). No obstante, en las democracias parlamentarias no sucede así, porque son los capitalistas los que asumen un papel de liderazgo en la política nacional, creando partidos dirigidos por los miembros
de la burguesía, que no suponen un núcleo racial con capacidades innatas, sino una clase económica dominante y controlada por individuos decadentes, que no están capacitados para asumir las grandes responsabilidades que exige el interés nacional a nivel político, social, moral y
económico. Este cambio de tendencia de Adolfo Hitler con respecto a la política racial, no fue casual, sino que el régimen germano evolucionó en consonancia con los avances antropológicos de aquel tiempo, aunque unido por una ideología nacionalsocialista común, como sucedió
durante la década de 1930, cuando el gobierno alemán declaró que Persia era un Estado ario. El cambio del nombre internacional de Persia por Irán en 1935, fue realizado por el Shah Reza Pahlaví a sugerencia del embajador alemán como un acto de solidaridad aria. En 1936, la
Oficina de Políticas Raciales clasificó a los turcos como europeos y determinó que las leyes raciales de Nuremberg no se aplicaban a los egipcios. Durante el verano de ese mismo año, funcionarios germanos aseguraron a los diplomáticos árabes que la política racial
nacionalsocialista estaba dirigida contra los judíos, pero no contra el resto de los pueblos semitas, puesto que el gobierno alemán consideraba a los árabes una etnia diferente, pero no inferior racialmente. Lo mismo sucedió, cuando el régimen germano concedió la “arianización
honoraria” (ehrenarier) a pueblos enteros considerados como no arios por las teorías raciales de aquel periodo histórico como el japonés, el finlandés, el húngaro, el otomano, el georgiano, los chinos Han, etc. En definitiva, el Estado nacionalsocialista no era racista, sino

racialista y su criterio nacional variaba en conformidad con la mentalidad antropológica de la época y, al igual que en 1925, Hitler era contrario a la “bastardización” de la raza aria con la germanización de los eslavos, en 1942, éstos ya formaban parte de las unidades de las

Waffen-SS, seguramente el proceso de “arianización honoraria” se extendería a otras etnias con el paso de los años. De la misma manera, que el emperador romano Caracalla terminó otorgando la ciudadanía a la totalidad de los habitantes del Imperio.

Bibliografía:
“Discurso de Platterhof” de Adolfo Hitler. Existe una copia mecanografiada en los archivos del Institut für Zeitgeschichte de Munich, Alemania.
“Wikipedia”.
“Discurso de Platterhof” de Adolfo Hitler. Existe una copia mecanografiada en los archivos del Institut für Zeitgeschichte de Munich, Alemania.
“Wikipedia”.

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