ARIO HONORARIO
En 1933, cuando los nacionalsocialistas llegaron al poder, como fieles seguidores de la teoría romántica del “volksgeist”, consideraban que para ser ciudadano alemán había que ser de raza aria o nórdica. No obstante, este criterio de nacionalidad, que fue puesto

expresamente en duda por el propio Hitler en el discurso de Platterhof en 1944, regía solamente en el tema de la ciudadanía alemana y no afectaba a la cuestión ideológica, por tanto, el problema surgía cuando el gobierno nacionalsocialista consideraba a ciertas personas, que no
eran de raza germana, beneficiosas o necesarias económica, social o políticamente para el interés general de la nación. Por este motivo, el régimen alemán creó la figura jurídica denominada “ehrenarier” o “ario honorario”, por la cual, un individuo biológicamente no ario y
residente en el Imperio alemán, podía disfrutar de los derechos de ciudadanía, reconocidos por el Estado, por interés nacional o por razones de afinidad política. Por ejemplo, los judíos que habían sido condecorados en la Gran Guerra por sus servicios militares al Imperio alemán
fueron considerados, de manera extraoficial, como arios honorarios. En otras ocasiones, como en el caso de Emil Maurice, se concedía por motivos personales, ya que Maurice había sido miembro del NSDAP desde su fundación y miembro de las SS y, tras descubrirse que tenía

ascendencia judía, fue declarado ario honorario por su amigo personal, Adolf Hitler. Esta distinción también fue ofrecida a otros judíos como al arqueólogo Max von Oppenheim, al bioquímico Otto Heinrich Warburg, al radiólogo Henry Chapul, al cineasta Reinhold Schünzel, al

mariscal de la Luftwaffe Erhard Milch, al historiador Pascal Ory, al miembro de las SA, Hans Sander, al teniente Ernst Prager, a los coroneles Ernst Bloch y Félix Bückner, a los generales Helmut Wilberg, Johannes Zukertort y a su hermano Kart Zukertort, al árabe Amin al-Husseini,

a la violinista nipona Nejiko Suwa, etc. En cuanto a las personas de raza negra, la información es muy escasa, pero se sabe que, por ejemplo, Louis Brody participó como luchador en el equipo nacional alemán y como cotizado actor en numerosas películas del régimen, que otros

fueron espías y agentes de la Abwehr (inteligencia militar) y la Gestapo (policía secreta), como Marcus Baarn y Aurelien Hoareau y que algunos estuvieron en la “LVF” como Norbert Désirée y Louis-Joachim Eugène. Los mulatos, como los hermanos Ngango (Ewan fue soldado de la

Wehrmacht y Mandenga oficial de la Lutftwaffe), Hans Hauck, Werner Egiomue (miembro de las Juventudes Hitlerianas y del ejército alemán, que dijo verse como un “pequeño führer” y confesó haber estado “entre quienes movía mi esvástica en el cumpleaños del Führer en 1936”) y los

hermanos Sabac el Cher, nacieron y se criaron en Alemania, sirviendo en el ejército alemán durante la guerra, mientras que la soprano mestiza, Germaine Lubin, fue muy admirada por el propio Führer. En el caso de la Italia fascista, los ejemplos son todavía más elocuentes, puesto

que algunas personas de raza negra alcanzaron el estatus de mártires de la patria, como el ingeniero Adolfo Prasso, el marinero Ibrahim Farag Mohammed, el ascari Unatú Endisciau y el teniente Giorgio Pollera, que fueron condecorados con la medalla de oro al valor militar. Sin

embargo, el caso más llamativo fue el japonés, porque en el año 1936, el gobierno nacionalsocialista alemán otorgó la dignidad de arios honorarios a la totalidad del pueblo nipón, que aunque de diferente etnia, dirigentes germanos como Heinrich Himmler consideraban que los
asiáticos poseían suficientes cualidades en común con la sangre nórdica alemana como para merecer una alianza con ellos. Himmler, que estaba muy interesado en ello y había sido influido por la antropología, la filosofía y las religiones panteístas del Asia oriental, mencionó que
su amigo Hiroshi Oshima, embajador japonés en Alemania, creía que las castas nobles de Japón, como los daimio y los samuráis, descendían de dioses, creencia similar a la del propio Himmler, que pensaba que la raza aria no había evolucionado, sino que procedía de la mitológica

Atlántida. En Estados Unidos, durante la década de 1930, el diplomático y escritor mulato Lawrence Dennis describió a Hitler como “el más grande genio político desde Napoleón” y fue fotografiado al lado del Führer en 1935. En 1944, fue juzgado en USA por sedición y afinidad
filo-nazi y cuando murió en 1977, la revista “Life” lo describió como “el intelectual fascista número uno de América”. El politólogo afroamericano y activista por los derechos civiles,
W.E.B. du Bois, fue invitado a Alemania en 1936 y señaló que fue tratado con calidez y respeto, al regresar a USA fue muy criticado por este hecho.
Bibliografía:
“Black Nazis” de Verónica Clark.
Bibliografía:
“Black Nazis” de Verónica Clark.

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