El 4 de agosto de 1945, unos niños de una escuela soviética regalaban un sello al embajador estadounidense en Moscú. El embajador lo colgó en su despacho hasta que, en 1952, una inspección descubrió que aquel regalo era un micrófono para escuchas. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Ese año, un operador de radio británico escuchó accidentalmente conversaciones que provenían de la embajada de Estados Unidos y alertó a los servicios secretos de su país. Dos empleados del Departamento de Estado fueron enviados a Moscú para investigarlo.

La CIA sabía que había escuchas en la embajada y pensaban que la señal procedía de la pared detrás del sello, pero fueron incapaces de encontrar nada hasta que, usando rayos X, descubrieron que el transmisor estaba dentro del propio sello.

El transmisor fue conocido como “La cosa” (The Thing), puesto que los expertos no entendían su funcionamiento, debido a su sencillez, ya que no utilizaba pilas ni circuitos eléctricos.

Tras meses de estudio, descubrieron que empleaba la inducción electromagnética para transmitir las señales, siendo activada por microondas desde una fuente externa, una furgoneta aparcada frente a la embajada, lo que hacía casi imposible detectarla cuando estaba desactivada.

En mayo de 1960, The Thing fue mencionada en el cuarto día de reuniones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, convocado por la Unión Soviética, debido al incidente en el que un avión espía estadounidense había entrado en su territorio y había sido derribado.

Aprovechando la convocatoria, el embajador de Estados Unidos en la ONU, Henry Cabot Lodge Jr, denunció ante el Consejo de Seguridad este dispositivo, provocando que se aprobara por 7 votos a 2 censurar a la Unión Soviética por este hecho.

Se cree que más de 100 de estos dispositivos, escondidos dentro de réplicas de madera del sello, fueron descubiertos en todas las embajadas y consulados de Estados Unidos en el Bloque Oriental.

Por cierto, el descubrimiento de este artefacto condujo al desarrollo de un sistema británico similar utilizado durante la década de 1950 por británicos, estadounidenses, canadienses y australianos.

En la actualidad, aquel sello que los niños regalaron al embajador se exhibe en el Museo Criptológico Nacional de la NSA.

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