LEBENSRAUM
Lebensraum, es un término alemán que significa "Espacio Vital". Esta expresión fue acuñada por el geógrafo germano Federico Ratzel, que establecía la relación entre espacio y población, asegurando que la existencia de un Estado quedaba garantizada cuando dispusiera de

la suficiente amplitud territorial para atender a las necesidades del mismo. Por tanto, según la teoría económica del “Espacio Vital”, la política exterior de un Estado tiene que asegurar a la comunidad que lo habita los medios económicos necesarios para su subsistencia,
estableciendo una relación natural, vital y sana entre la densidad y el aumento de la población, por un lado, y la extensión y calidad del suelo en el que habita, por el otro. Así pues, sólo un territorio suficientemente amplio puede garantizar a un pueblo la independencia de su
existencia. Por consiguiente, el nacionalsocialismo debía imponerse la obligación de eliminar la desproporción existente entre la densidad de la población de su país y la extensión de su superficie territorial. Superficie territorial que debe ser considerada desde el doble punto
de vista de fuente de subsistencia y de apoyo al poder político. Adolfo Hitler consideraba que los pilares de la producción económica eran el trigo, el hierro y el petróleo y para evitar que la industria alemana se paralizase y, con ello, el desarrollo y el bienestar social del
pueblo germano, revindicaba públicamente la consecución de un vasto territorio de subsistencia, al igual que Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Italia, Holanda o Portugal, en proporción con su poder industrial y su densidad de población. El régimen nacionalsocialista reconoce el

derecho de todas las naciones a poseer su correspondiente “Espacio Vital” en armonía con sus necesidades demográficas y económicas, promoviendo todas las medidas sociales, proteccionistas y financieras que sean necesarias para tal fin (control de la natalidad, colonización
interior, control de la inmigración, adquisición de territorios extranacionales pródigos en materias primas, aranceles aduaneros, planes de desarrollo industrial, etc). Hitler, en su libro “Mi Lucha”, comenta la posibilidad de desechar la política colonial del Imperio alemán y
orientar la política exterior germana hacia los territorios del este de Europa. El autor considera que la raza aria (germano-escandinava) es la mejor dotada genéticamente para gobernar una nación (Madison Grant) y, por tanto, un pueblo como el eslavo facultado de una escasa
capacidad política, si se encuentra dirigido por una élite de origen germánico puede constituirse en una poderosa nación, como sucedió con el Imperio ruso. Sin embargo, el político austriaco interpretaba que la revolución bolchevique había despojado al pueblo ruso de aquella
clase dirigente que durante siglos había creado y garantizado su existencia como Estado y que, en su lugar, se habían impuesto los cabecillas marxistas judíos. Adolfo Hitler consideraba que era imposible que los líderes hebreos lograsen, a la larga, sostener bajo su poder el
gigantesco organismo ruso, ya que los judíos, al conformar una comunidad internacional, no son organizadores natos, sino un fermento de descomposición. El analista germano aseveraba que el coloso del este estaba maduro para su derrumbamiento y que pronto desaparecería como
Estado, dejando un amplio y fértil territorio desolado a merced de sus vecinos. Por tanto, la misión del movimiento nacionalsocialista era la de persuadir al pueblo alemán de que no debía esperar ver colmado su futuro en el delirio de una campaña militar triunfal como las de
Alejandro Magno, sino más bien en la faena laboriosa del arado germano. Hitler escribió su libro en 1924, durante su estancia en prisión y consideraba que Rusia se desmoronaría por sí sola durante la vorágine revolucionaria (similar a lo sucedido con Polonia a finales del siglo
XVIII), pero cuando en 1933 el régimen nacionalsocialista accede al poder, la realidad política era muy diferente a la de 1924 y la Unión Soviética estaba muy lejos de desmoronarse, por lo que el Führer se vio obligado a modificar su política exterior y a solventar sus demandas
territoriales, mediante acuerdos diplomáticos y económicos con otras naciones, incluido el Estado bolchevique, hasta que la intransigencia de las potencias capitalistas y las ambiciones soviéticas hicieron inevitable el conflicto armado.
Bibliografía: “Mi Lucha” de Adolfo Hitler
Bibliografía: “Mi Lucha” de Adolfo Hitler

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