LEGADO ARIO
El régimen nacionalsocialista hizo referencia en diversas ocasiones al derecho de propiedad de los antiguos germanos (legado ario), que consideraban que sobre la tierra no existían los títulos de propiedad privada, sino un dominio colectivo que iba en favor de la

comunidad. No obstante, los pueblos arios sí reconocían la propiedad privada sobre las especies transportables (bienes muebles) como el ganado, las armas o los objetos de uso personal y respetaban el derecho de herencia como un legado patrimonial del trabajo familiar. De acuerdo
con esta tradición, los nacionalsocialistas determinaron que la tierra no podía ser considerada como una simple mercancía, sino que estaba unida indisolublemente al pueblo alemán que sobre ella habitaba y, por tanto, la tierra cultivable, los prados para el ganado, el agua de los
ríos o la madera de los bosques eran propiedad común del todo el pueblo germano y, como consecuencia de ello, los propietarios de la parcelas rústicas no debían considerarse como tales desde el punto de vista capitalista, sino como meros administradores del Estado al servicio de
la nación. En otras palabras, los nacionalsocialistas propugnaban que la tierra era propiedad del Estado, pero que éste la podía ceder como usufructo a familias de agricultores que desearan cultivarlas, quedando los frutos y los beneficios en propiedad de los granjeros, así como
el derecho a heredarlas por su descendencia, siempre que las trabajaran en conformidad con los criterios solidarios hacia la comunidad nacional, dictaminados por tribunales especiales compuestos por representantes de los propietarios de fincas rústicas y del Estado. El Estado
tenía derecho a incautarse la tierra, a cambio de una compensación adecuada, cuando no fuese propiedad de un ciudadano alemán, cuando a juicio de los tribunales se comprobase que un propietario no procedía, merced a una inadecuada manera de cultivar, de acuerdo con los intereses
nacionales, o bien, con el propósito de establecer en ella agricultores independientes, en los casos en los que el propietario no la cultivara y, finalmente, cuando así lo exigiesen fines del Estado que contemplen un interés nacional (comunicaciones, defensa nacional, etc). Sin
embargo, el Estado alemán no se limitaba solamente a redistribuir las propiedades improductivas ya existentes, sino que por medio del Servicio Nacional del Trabajo se desecaron zonas pantanosas, se irrigó la tierra yerma y se ganó territorio al mar, cediendo los nuevos terrenos
agrícolas para la creación de colonias de granjeros. El nacionalsocialismo adoptó una posición decididamente proteccionista respecto a la agricultura, con la finalidad de mejorar las condiciones sociales de los campesinos alemanes. No obstante, la protección del sector agrícola
sólo era posible por medio de una reglamentación del mercado alimenticio, que prescribía los precios desde la cantidad de dinero que recibe el agricultor por sus productos hasta el precio de compra que debe pagar el consumidor en el mercado, fijando también las ganancias de los
intermediarios. De este modo, el agricultor recibe una recompensa mucho más grande por su trabajo y el consumidor paga un precio relativamente bajo por los alimentos más importantes. Por ejemplo, en agosto de 1934, los precios al por mayor de una tonelada de trigo en el mercado
internacional era de 56 marcos, el de un quintal de cerdo 12 y el de un quintal de mantequilla 78 marcos, mientras que en Alemania, el agricultor germano percibía 159, 47 y 254 marcos respectivamente. Por otro lado, los precios que tenía que pagar el consumidor alemán,
comparándolos con los precios que abonaba el francés por un kilo de harina, de cerdo y de mantequilla eran inferiores. Esto se consiguió por la reglamentación del mercado, con la que se eliminaron los enormes beneficios de los intermediarios especuladores. La gran ventaja de los
precios fijos en los productos agrícolas se puso de manifiesto con las dos cosechas de los años 1933 y 1934. La primera fue muy abundante y, en un mercado libre, los agricultores habrían recibido precios muy bajos, mientras que la cosecha relativamente escasa del año siguiente
habría causado un encarecimiento enorme. Sin embargo, todas estas dificultades se evitaron, porque el gobierno germano almacenó el exceso de la cosecha del año 1933 y, de este modo, pudo proporcionar también módicos precios durante el año 1934. En aquella época, los
nacionalsocialistas consideraban una locura la libertad desenfrenada de mercado en los países democráticos, puesto que en 1935, la Oficina de Comercio de USA comunicó que, para evitar el hundimiento de los precios se habían quemado 7.700.000 sacos de café y 2.000.000 de toneladas
de arroz. En la ciudad californiana de Los Angeles se arrojaron diariamente 200.000 litros de leche al mar para mantener el precio de la mantequilla y se mataron 600.000 vacas en el primer trimestre de 1935. También en Europa, los pescadores bretones arrojaron al mar 500.000
arenques, en Holanda se mataron 100.000 lechones y en Dinamarca 25.000 vacas, mientras millones de personas morían de hambre en todo el mundo ante la indiferencia de las democracias europeas y estadounidense.
Bibliografía:
“Wikipedia” y "Cuatro Años de Gobierno de Hitler" de Dietrich Eckehart
“Wikipedia” y "Cuatro Años de Gobierno de Hitler" de Dietrich Eckehart
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