@RicardoGaliano: Esta postura abolicionista per...
@RicardoGaliano
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Apr 27, 2026
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Esta postura abolicionista pero sin ley presenta varios problemas. El primero, que no responde a cómo debemos posicionarnos con aquellas trabajadoras sexuales que no sólo no nos piden leyes abolicionistas sino que nos piden que las apoyemos en la conquista de derechos laborales.
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Las trabajadoras sexuales organizadas están pidiendo cotización, poder publicitar sus servicios cuando son trabajadoras sexuales autónomas, estatutos, acabar con la tercera vocativa que considera a sus allegados proxenetas, que servicios sociales no les quiten a sus hijos...
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El estado que acaba proponiendo el abolicionismo sin ley, es decir sin leyes abolicionistas pero sin regularización laboral, ya ha demostrado que dificulta dejar la profesión, produce ciclos de marginalidad y obliga a pasar del trabajo sexual autónomo a un club de alterne.
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A escala teórica, el abolicionismo sin ley tampoco aclara cuál es ese programa propio de "lograr las condiciones materiales para que las mujeres no realicen trabajo sexual". No lo aclara porque no lo hay, porque es indistinguible de la abolición general del trabajo.
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Cuando se argumenta que hay que abolir el trabajo sexual porque las mujeres pobres acuden a él por obligación y no por voluntad, se está describiendo palabra por palabra la relación con el trabajo de la mayoría de las mujeres proletarias.
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Itaia suponemos entonces que está en contra de que se regularice a los riders, a las trabajadoras del hogar, a las jornaleras, a las carreteras de los mercados porque para la clase obrera migrante son en su mayoría trabajos irregulares ejercidos bajo la presión de la pobreza.
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Y es más, es una condición de la mayoría del proletariado, salvo por sus capas más altas (la aristocracia obrera), no elegir empleo en términos de vocación sino en términos de salida de los circuitos de precariedad y miseria que implica el desempleo prolongado.
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En este sentido, las trabajadoras sexuales organizadas llevan ya años explicándonos cómo han llegado al trabajo sexual porque para muchas (con o sin papeles) resulta más rentable y compatible con el cuidado de las personas a su cargo ejercer el trabajo sexual.
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¿Será entonces que Itaia está en contra de cualquier forma de organización laboral en un sector en el que el proletariado no pueda haber escogido estar por su pobreza? ¿Itaia cree que toda organización sindical es peyorativa porque reproduce el trabajado asalariado?
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Evidentemente, no. Lo que ocurre es que confunde la categoría de trabajo con la moral y porque le resulta escandalosa la explotación sexual pagada - cuando la no pagada es el núcleo de la reproducción capitalista - se obstina en salvar a las obreras y renuncia a organizarlas.
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En este sentido, y probablemente sin voluntad alguna de hacerlo, se incurre en los argumentos más vulgares de la aproximación pequeño-burguesa y moral al capitalismo. Una aproximación mucho más capaz de aceptar cualquier alivio como avance que intervenir en la lucha inmediata.
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La clase obrera no acepta su explotación porque es pobre en abstracto, de manera que dejará de hacerlo si mejora sus condiciones. La clase obrera no puede sino claudicar a su explotación porque su desposesión estructural le obliga. Y la tarea de las comunistas es organizarla.
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Organizarla con indiferencia del objeto de trabajo que le atraviesa y las percepciones morales de quiénes ven en la clase obrera que no elige, el quiebre del sueño pequeño-burgués que les vendieron de que se podría elegir la explotación y auto-realizarse en ella por vocación.
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La clase obrera no necesita la indignación moral ante sus condiciones, necesita un horizonte político que sepa conectar de manera astuta sus luchas inmediatas con la lucha política. Indignarse por el trabajo sexual y negar el apoyo a quiénes se organizan no obecede a tal línea.