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@PROMAKOS_
4 views Apr 28, 2026
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Toca mi compadre @elcensorrevista un fenómeno que merece desarrollarse, porque tiene raíz psicométrica, raíz filosófica y raíz cultural, y explica buena parte de lo que vemos hoy en redes con los llamados "superdotados mediáticos".

El cociente intelectual mide capacidad de procesamiento, memoria de trabajo, razonamiento abstracto y velocidad mental, y lo mide bastante bien. Es el mejor predictor cognitivo individual que tiene la psicología. Lo que no mide es la racionalidad. Keith Stanovich (Toronto) acuñó hace treinta años el término "dysrationalia" para nombrar la disociación entre inteligencia medida y pensamiento racional, y en su libro de 2021 (The Bias That Divides Us, MIT Press) demuestra algo incómodo: el sesgo partidista (myside bias) tiene correlación cero con el CI. Las personas más inteligentes no son menos sesgadas, son más hábiles construyendo justificaciones sofisticadas para sus posiciones previas. Un dato suyo que ilustra esto, básicamente el 44% de los miembros de Mensa (asociación internacional de superdotados) cree en la astrología.

El estudio Terman (Stanford, 1921), el más largo de la historia de la psicología, siguió a 1.528 niños con CI superior a 135 durante toda su vida. Ninguno ganó un Nobel. Dos niños rechazados del estudio por CI insuficiente sí lo ganaron (Shockley y Álvarez). Ellen Winner (Boston College) lleva treinta años documentando que prodigio no equivale a genio creativo, y un estudio publicado en Science en diciembre del año pasado confirmó que el 82% de los top performers junior nunca alcanza ese nivel como adultos. Los mejores jóvenes y los mejores adultos suelen ser personas distintas.

Aristóteles ya distinguía en el libro VI de la Ética a Nicómaco entre sophia (sabiduría teórica) y phronesis (juicio práctico), y advertía que Anaxágoras y Tales eran sabios y carecían de juicio práctico. Tomás de Aquino sistematizó esto en la Summa (II-II qq. 47-56) llamando a la prudencia auriga virtutum, la auriga que gobierna los medios sin la cual la inteligencia degenera en astucia (deinotes) sin orientación moral. Pierre Hadot lo completó mostrando que la filosofía antigua era práctica de vida, ejercicio espiritual, y la modernidad la convirtió en discurso académico desligado de la transformación personal.

Lo que Stanovich, Tetlock, Winner o Grossmann están redescubriendo empíricamente, la tradición clásica y católica lo tenía formulado ya con precisión. La capacidad cognitiva sin formación moral, sin humildad epistémica, sin tradición intelectual ordenada y sin el tipo de fricción lenta que el propio Carlos Blanco advierte que estamos perdiendo, produce verbosidad sofisticada antes que sabiduría. Queda abierta la cuestión de si nuestras instituciones educativas y mediáticas son hoy capaces de formar lo segundo, o solo de exhibir (y comercializar) lo primero.
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