@crismartinj: El poder ya no necesita impone...
@crismartinj
22 views
Mar 29, 2026
Advertisement
1
El poder ya no necesita imponerse. Ha aprendido a infiltrarse. Y hoy, esos “líderes intelectuales” de los que habla el texto ya no son únicamente filósofos, académicos o periodistas. Ahora tienen millones de seguidores, aparecen en campañas publicitarias, llenan estadios o dominan algoritmos. Se llaman influencers, cantantes, actores… o incluso partidos políticos que actúan como amplificadores de determinadas agendas.
El mecanismo es el mismo, pero mucho más sofisticado. Ya no se trata de convencer a través del argumento, sino de hacerlo mediante la identificación emocional. Cuando un cantante, un actor o un influencer repite un mensaje —sea sobre política, ideología, cambio climático o cualquier otra cuestión— no se percibe como propaganda, sino como una opinión personal, cercana, legítima. El mensaje entra sin resistencia porque no se reconoce como discurso diseñado.
Ahí está la clave: no importa tanto el contenido como quién lo transmite. Porque el ciudadano no contrasta, confía. No analiza, se identifica. Y en ese proceso, el pensamiento propio queda desplazado por una adhesión emocional construida desde fuera. Lo que antes hacía un intelectual en una tribuna, hoy lo hace una figura pública desde una story, una canción o una entrevista.
Pero el fenómeno va más allá. Determinados actores políticos también cumplen esta función. No necesariamente como oposición real, sino como parte del ecosistema narrativo. Canalizan el descontento, lo moldean y lo reconducen hacia marcos que, en el fondo, no cuestionan las estructuras de poder. Es la evolución de aquella “disidencia controlada”: parece ruptura, pero está contenida.
El resultado es un sistema en el que la opinión pública no se forma de manera espontánea, sino inducida a través de referentes cuidadosamente posicionados. Y así, sin imposición visible, sin censura aparente, el pensamiento colectivo se orienta en una única dirección.
Porque hoy, más que nunca, quien controla a los referentes, controla a la sociedad.
Lo tenéis más desarrollado en LA TIRANÍA DE LA MENTIRA
👇🏻👇🏻👇🏻
planetadelibros.com/libro-la-tiran…
El mecanismo es el mismo, pero mucho más sofisticado. Ya no se trata de convencer a través del argumento, sino de hacerlo mediante la identificación emocional. Cuando un cantante, un actor o un influencer repite un mensaje —sea sobre política, ideología, cambio climático o cualquier otra cuestión— no se percibe como propaganda, sino como una opinión personal, cercana, legítima. El mensaje entra sin resistencia porque no se reconoce como discurso diseñado.
Ahí está la clave: no importa tanto el contenido como quién lo transmite. Porque el ciudadano no contrasta, confía. No analiza, se identifica. Y en ese proceso, el pensamiento propio queda desplazado por una adhesión emocional construida desde fuera. Lo que antes hacía un intelectual en una tribuna, hoy lo hace una figura pública desde una story, una canción o una entrevista.
Pero el fenómeno va más allá. Determinados actores políticos también cumplen esta función. No necesariamente como oposición real, sino como parte del ecosistema narrativo. Canalizan el descontento, lo moldean y lo reconducen hacia marcos que, en el fondo, no cuestionan las estructuras de poder. Es la evolución de aquella “disidencia controlada”: parece ruptura, pero está contenida.
El resultado es un sistema en el que la opinión pública no se forma de manera espontánea, sino inducida a través de referentes cuidadosamente posicionados. Y así, sin imposición visible, sin censura aparente, el pensamiento colectivo se orienta en una única dirección.
Porque hoy, más que nunca, quien controla a los referentes, controla a la sociedad.
Lo tenéis más desarrollado en LA TIRANÍA DE LA MENTIRA
👇🏻👇🏻👇🏻
planetadelibros.com/libro-la-tiran…
