@Antonio1Moreno: ¿Sabes que hay una canción en ...
@Antonio1Moreno
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Jan 24, 2026
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La canción de la que hablo está en su disco LUX y se titula “Dios es un stalker”. En ella, la cantante pone voz a Dios en una auténtica declaración de amor al oyente. Esto es lo que dice:
youtube.com/watch?v=fLmQbJ…
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Dios se revela como un "stalker", del verbo “to stalk” (acechar, seguir a una persona sin ser vista). Es una palabra que, en la cultura digital, hace referencia a espiar las redes sociales de una persona sobre la que se tiene interés (normalmente amoroso) para conocerlo mejor.
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Pero ¿Dice la Biblia que “Dios es un stalker”? La respuesta es que ¡SÍ!, aunque no con esas palabras. Vamos a ir paso a paso citando frases concretas de la Biblia.
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“Dios es un stalker” comienza hablando de la omnipresencia de Dios. Da igual adónde vayas: aunque no te enteres de su presencia, Él esta a tu lado.
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En el Salmo 139, David lo expresa así: «distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares (…) me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma».
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Y sigue: «¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda».
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En la canción, Dios se define como “tu sombra”, algo que no se separa de ti, como un tatuaje; o también como alguien que no puede olvidarse de ti, como una madre respecto a su hijo recién nacido.
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Esta imagen la podemos encontrar en el profeta Isaías: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas».
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También el salmo 121 hace referencia a este férreo marcaje que ejerce Dios sobre la persona que ama: «No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel».
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Y continúa: «El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche (...). El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre»
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Así expresa el profeta Jeremías cómo Dios lo ha “pensao”: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré»; o, San Pablo, a los Efesios (1,4): «Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo».
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¿Y lo de “te he extrañado”? ¿Puede Dios extrañar a alguien o anhelar ser amado por alguien? ¿No parecería como un defecto, una imperfección que no sería propia de un Dios todopoderoso y perfecto?
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Pero es que, en cierta medida, así es el Dios revelado en Jesucristo si atendemos a las parábolas con las que hace referencia al amor a sus criaturas, sobre todo a las que más se han alejado de él en el Evangelio de Lucas: la oveja y la moneda perdida, o la del hijo pródigo.
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En cuanto a su capacidad para conocer “tus deseos indeseables”, volvemos al Salmo 139: «Señor, tú me sondeas y me conoces. Me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos»
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También si nos vamos al libro de Job: «Dios vigila el camino del hombre, sigue atento todos sus pasos; no hay sombra ni espesa tiniebla donde pueda esconderse el malvado».
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La imagen del aliento de Dios como "el viento que te roza el pelo" también es muy sugerente desde el relato de la Creación, en el Génesis: «Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo»
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Hasta el episodio en el que Elías buscaba al Señor que no estaba en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en «el susurro de una brisa suave» como recoge el primer libro de Reyes.
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Dice Rosalía que el motivo del stalkeo es “por amor”, pero no confundamos el empeño amoroso de Dios por sus criaturas con el egoísmo de un fanático que busca satisfacer sus deseos, sino todo lo contrario.
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Lo explica otra cita de la que parece beber la canción. Es de San Pablo a los Romanos a quienes les pregunta: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?».
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Y continúa: «Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor».
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Es lo que le pasó al profeta Jeremías cuando el Señor le tiró la caña una vez y él lo rechazó, aunque, tras su insistencia, le contestó: «me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido».
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Él espera que vayamos a Él como dice en el Evangelio de Mateo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».
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Pero quiere que vayamos no de forma interesada, como en un matrimonio de conveniencia, sino como los verdaderos enamorados que no encuentran explicación a su amor. Por eso no le gusta “hacer intervención divina” que no sobligaría a creer en Él.
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En Marcos, por ejemplo, vemos que los fariseos, para poner a prueba a Jesús, «le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: “¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación”».
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A algunos les puede sorprender que Rosalía use un lenguaje de seducción amorosa para hablar de la relación de Dios con nosotros, pero es lo que hace el libro del Cantar de los Cantares.
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Por ejemplo: «¡Béseme con los besos de su boca! ¡Tus amores son más dulces que el vino! ¡Qué exquisito el olor de tus perfumes; aroma que se expande es tu nombre; por eso te aman las doncellas! Llévame contigo, ¡corramos!; condúzcame el rey a su alcoba; disfrutemos y gocemos juntos».




