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@Pedro_Torrijos: ¿Creéis que vuestro casero es ...

@Pedro_Torrijos
76 views Jan 16, 2026
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¿Creéis que vuestro casero es chungo?

Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".

Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho.
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En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.

Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado.
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Tan preciado que nuestro colega Charles decidió que la mejor manera de hacerse rico era comprando unas cuantas de esas tierras.

¿Pero cómo iba a hacerse rico un lechugino inglés con esos campos? ¿Plantando patatas?
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No, hombre, no. Los campos de labranza pertenecían a unos pocos terratenientes y la gente que los trabajaba solo eran arrendatarios que pagaban un alquiler.

Alquiler a veces tan alto que apenas podía cubrirse con o lo que sacaban de vender su grano.
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Pero como la tierra era muy cara y Charles no tenía tanta plata como para comprar mucha, en 1873 se puso a trabajar. Pero no con un azada; se ofreció al Conde de Erne, que vivía en el norte de Irlanda, para administrar las 16.000 hectáreas de las que era propietario en Achill.
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Según su biógrafo, Charles "creía en el derecho divino de los amos y actuaba según le parecía correcto a él, sin contemplar otros puntos de vista ni los sentimientos de las personas que se viesen afectadas por sus actos".
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¿Qué significaba esto? Pues que Charles era un tipo bastante insoportable. Ponía multas a los arrendatarios por prácticamente todo: retrasarse en pagar el alquiler, que una vaca entrase en sus tierras o que las cosechas no fuesen tan abundantes cómo el consideraba.
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Y entonces llegó la cosecha de 1879, que fue especialmente pobre por culpa de la climatología. Se ve que las lluvias no entendían, ejem, "el derecho divino de los amos".
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Así que los labradores le pidieron al Conde de Erne que les rebajase un 25% el alquiler porque no habían sacado lo suficiente como para pagarle. Pero el Conde dijo que de qué vais, chusma, como mucho os rebajo un 10% y aquí tengo a mi amigo Charles para obligaros a pagar.
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Charles se puso manos a la obra y, a base de amenazas de desahucio, consiguió que muchos labradores terminasen por pagar a costa de empobrecerse aún más. Pero hubo tres familias que no pudieron reunir el alquiler y fueron desahuciados.

Y entonces se montó una movida del carajo.
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Las noticias de los desahucios llegaron a oídos de la Land League, una organización formada por el activista Michael Davitt y cuyo líder era Charles Stewart Parnell, miembro del Parlamento Británico.
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El objetivo de esta "Liga de la Tierra" era rebajar lo máximo posible los precios de los alquileres con la pretensión final de que los labradores fuesen los propietarios de la tierra que trabajaban. Algo revolucionario, vamos.
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Así que, ante los desahucios, la Land League declaró una huelga general de labradores y, en un mitin, Parnell dijo: "Cuando un hombre se quede con la tierra de otro hombre que ha sido desahuciado, ¿qué debemos hacer con él?" A lo que la gente gritó "¡Dispararle! ¡Apedrearle!"
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Como Parnell era diputado, no era plan de azuzar un posible asesinato, así que contestó a la enfervorizada audiencia: "Haremos algo más cristiano y que le haga reflexionar: le rehuiremos. Le rehuiremos en la calle, le rehuiremos en las tiendas, en los mercados y en la iglesia.
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No haremos tratos con él. No le compraremos lo que venda ni le venderemos nada de lo nuestro. Le aislaremos del resto del mundo hasta que comprenda que detestamos el crimen que ha cometido. ¡Porque lo que ha hecho es un crimen!"
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Al poco, nuestro querido Charles se encontró con que nadie le recogía las cosechas, nadie le compraba el grano que acumulaba, nadie le hablaba, nadie le servía una pinta de cerveza y hasta el cartero dejó de entregarle las cartas.

Es decir, que todos le boicoteaban.
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Ah, sí, se me había olvidado: el nombre completo de Charles era Charles Cunningham Boycott.

(tachán)
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No hay registros que indiquen con seguridad quien fue la primera persona que uso el apellido Boycott para referirse a boicotear, pero en 1888 apareció por primera vez en el Oxford English Dictionary: "Negarse a comprar, usar o participar en algo como forma de protesta".
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Para ese entonces, la palabra ya había dado la vuelta al mundo anglosajón y pronto llegaría a los demás idiomas.

Y sí, según la RAE, boicotear significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".
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¿Y qué paso con Charles Boycott? Pues que, en vista de que le estaban, bueno, boicoteando, contrató a 50 trabajadores de fuera para que le cosecharan las tierras. Como se anticipaba bronca con los autóctonos, el ejército británico mandó a 900 soldados para proteger la cosecha.
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El problema es que los soldados montaron sus tiendas en los campos de Boycott, se comieron su ganado y lo dejaron todo hecho un cristo. De hecho, los gastos de los soldados superaron las 10.000 libras, mientras que la cosecha apenas le dio unas 400.
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Tras la debacle, Boycott abandonó Irlanda y se volvió a Inglaterra a seguir siendo recaudador de terratenientes, pero ya con menos mal rollo porque la fama de su apellido le precedía.
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Fama que intentó ocultar cuando fue de visita a Estados Unidos y se registró en la aduana con el nombre de Charles Cunningham. Por desgracia para él la cosa no coló y el New York Tribune sacó un breve avisando de su llegada.
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La nota decía: "La llegada del Capitán Boycott, que involuntariamente ha añadido una nueva palabra a nuestro idioma, es un acontecimiento más o menos de interés internacional".
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Así que ya sabéis, la próxima vez que boicoteéis algo, sabed que estáis rememorando el nombre y la historia de un casero muy chungo. A su pesar.
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Si os ha molado el hilo de hoy, no olvidéis darle LIKE y RT y comentarlo, y que vuele por Tuiter (siempre lo llamaré Tuiter).


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