El imperio de Estados Unidos y su presidente Trump son el cáncer...

Don Blas Piñar definió a los EEUU muy bien en el diario ABC, diciendo que son «los que presumen de anticolonialistas, y al exigir la independencia y la autodeterminación de los pueblos subdesarrollados, pretenden uncirlos al yugo de una total dependencia económica» (1962).
No me cabe la menor duda de que don Blas, ante el reciente ataque terrorista yankee en contra de Venezuela, nos hubiera dicho claramente que lo que ha movido a Trump y la mafia de la CIA no ha sido otra cosa que «el petróleo, el petróleo, el petróleo», como el mismo «Trumposo», por cierto, ha explícitamente reconocido.
Sin embargo, a pesar de las evidencias, son legión los que siguen insistiendo torpemente en hablar de una «liberación», cuando no habrá otra cosa que «servidumbre» respecto de este imperio depredador.
Cabe decir que, ante una eventual tiranía, el pueblo tiene derecho a la resistencia (ius resistendi), cierto, e incluso, en casos extremos, al tiranicidio, pero nunca, bajo ningún concepto, está legitimado para vender la patria; esto es propio de abyectos traidores, siempre dispuestos a «prostituir» sus deberes patrióticos para satisfacer los codiciosos, espurios e insaciables intereses de una potencia extranjera.