Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, murió mártir (1170),...

Antes de morir a manos de cuatro caballeros anglonormandos, dijo lo siguiente: «Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia católica».
Asimismo, su testimonio debería ser causa ejemplar para todos los eclesiásticos hodiernos. Además de su ardiente fe, su humildad de vida y su amor a los pobres, Becket procuró no claudicar nunca ante los poderes del mundo que pretendían recortar los derechos de la Iglesia y arrebatarle su libertad.
En efecto, el vigor de la fe de Thomas Becket fue mayor que la fuerza de las armas; perdió la vida corporal, cierto, pero obtuvo la corona inmarcesible de la gloria. Tales fueron el honor y dignidad de este arzobispo, especialmente a la hora de derramar su sangre, que toda la cristiandad quedó fuertemente conmocionada. De hecho, el propio Enrique II terminó haciendo penitencia ante el sepulcro de aquel que, ya canonizado (1173), en otro tiempo, fue su gran amigo, pero que lo fue todavía más de Cristo y de su Iglesia santa.
Santo Thomas Becket, ruega por nosotros e intercede ante Dios para que los eclesiásticos tengamos la fidelidad al Evangelio y también el carácter, gallardía y virilidad que tú, como verdadero «hombre de Dios», demostraste en vida y a la hora de tu gloriosa muerte. Amén.