Algunos se preguntan por qué me preocupa tanto la Argentina y el...

El objeto del "experimento argentino" es saber hasta qué límite la población argentina podrá soportar unos recortes sociales brutales, con la célebre motosierra mileista, vulnerando, así, los principios fundamentales de la justicia distributiva y del derecho natural. Supongamos que este "experimento" pueda salvar, aunque no es para nada seguro, la economía del Estado. En este caso, ¿qué precio deberán pagar los ciudadanos? ¿Cuántas víctimas sociales tendrán que producirse para que Milei tenga "su éxito"? Más bien, pienso que habrá víctimas sin éxito, lo cual terminará por provocar un estallido social sin precedentes, hecho terrible, cierto, pero comprensible, puesto que el pueblo tiene derecho a la resistencia (ius resistendi) ante un gobierno tiránico.
Los fanáticos de Milei se ponen como unos demonios cuando alguien osa cuestionar su figura; es su nuevo becerro de oro. Acerca de ellos, he cambiado de opinión; inicialmente pensaba que eran meros sujetos engañados por el Gran Demagogo, pero ahora veo claro que ellos mismos tienen una gran parte de culpa del "fenómeno Milei", tan monstruoso como inicuo. A los "fanáticos mileistas", que constituyen una especie de secta, no les importa la patria ni el bien común de la misma, ni la justicia, ni los pobres, ni las personas vulnerables; son unos egoístas que sólo piensan en ellos mismos en nombre de una falsa libertad que llevan por bandera. Su fanatismo y actual empoderamiento no hace más que pronunciar sus vicios políticos, sociales, económicos y mediáticos. Todos estos "fanáticos", inspirados por Milei, otro fanático de sí mismo, son, de hecho, la actual gangrena de la República Argentina.
Veremos, con el tiempo, cómo ciertas medidas delirantes se aplicarán en muchos países occidentales. Mientras tanto, seguirán existiendo supuestos católicos que defenderán a Milei hasta la muerte —los mártires mileistas, los llamaremos—, olvidando que no puede seguirse a dos mesías, uno verdadero y otro falso, ni es lícito poner una vela a Dios y otra al diablo.
