LOS TIEMPOS DEL ANTICRISTO Les traigo un pasaje de una carta del...

Les traigo un pasaje de una carta del obispo anglicano Samuel Horsley, que escribió después de la Revolución Francesa, siendo publicada póstumamente en el British Magazine. Dicho texto tiene relación con el cardenal Newman, hoy santo y doctor de la Iglesia, y su obra Cuatro sermones sobre el Anticristo (1838), basada en el estudio de los Santos Padres.
Cabe decir que, cuando Newman editó este libro, todavía no se había convertido al catolicismo (1845). Además, Horsley murió en 1806, cuando Newman apenas tenía cinco años.
Sin embargo, en esta obra acerca del Anticristo, el Cardenal añade, como post scriptum, el antedicho pasaje epistolar de Horsley, de carácter profético, bajo mi punto de vista.
Aunque Horsley no era verdadero obispo —en el anglicanismo no hay sucesión apostólica—, creo que su pensamiento influyó positivamente en Newman en el proceso de conversión.
Horsley fue un personaje interesante en el anglicanismo. Hoy simplemente les cito este pasaje textual, expresión de una teoría teológica más amplia que incomodó mucho al anglicanismo y provocó gran controversia: para él, la gran apostasía y el Anticristo no se encontraban en Roma y en el papado, sinó en París y en sus ideas revolucionarias. Teniendo en cuenta, pues, este contexto, lean este pasaje:
«En los tiempos del Anticristo, la Iglesia de Dios sobre la Tierra, como bien podemos imaginar, verá grandemente reducido el número aparente de sus fieles, debido a la abierta deserción de los poderes de este mundo. Esta deserción comenzará por una indiferencia hacia toda forma de cristianismo, bajo la apariencia de tolerancia universal. Mas dicha tolerancia no procederá de un verdadero espíritu de caridad e indulgencia, sino de un designio de minar el cristianismo por la multiplicación y el fomento de las sectas. Dicha pretendida tolerancia irá mucho más allá de una justa tolerancia, incluso en lo que concierne a las diferentes sectas de cristianos. Pues los gobiernos pretenderán ser indiferentes a todas y no darán protección preferencial a ninguna. Todas las Iglesias establecidas serán echadas a un lado. De la tolerancia de las más pestíferas herejías pasarán luego a la tolerancia del islamismo, del ateísmo y, por fin, a la persecución explícita de la verdad del cristianismo. En esos tiempos el Templo de Dios se verá prácticamente reducido al Sancta Sanctorum, esto es, al pequeño número de verdaderos cristianos que adoren al Padre en espíritu y en verdad, y que rijan estrictamente su doctrina y su culto, y toda su conducta, por la Palabra de Dios. Los cristianos meramente nominales abandonarán la profesión de la verdad cuando los poderes del mundo lo hagan. Pienso que este trágico suceso está tipificado por la orden de San Juan de medir el Templo y el Altar, y de permitir que el atrio (las iglesias nacionales) sea pisoteado por los gentiles. Los bienes del clero serán entregados al pillaje, el culto público será insultado y rebajado por estos desertores de la fe que una vez profesaron, quienes no pueden ser llamados apóstatas pues nunca fueron sinceros en su profesión. Ésta no fue más que condescendencia con la moda y la autoridad pública. En el fondo, siempre fueron lo que ahora demuestran ser: paganos. Cuando esta deserción general de la fe tenga lugar, entonces comenzará el ministerio de los dos testigos cubiertos de sayal (cf. Ap 11, 3). [...] No habrá nada de esplendor en la apariencia externa de sus iglesias; no tendrán apoyo de los gobiernos, no tendrán honores, ni emolumentos, ni inmunidades, ni autoridad; solo tendrán aquella que ningún poder humano puede arrebatar, y que ellos reciben de Aquel que les ha encargado ser Sus testigos» (British Magazine, mayo de 1834).
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Cita tomada de John Henry Newman, Cuatro sermones sobre el Anticristo, Madrid: El Buey Mudo, 2022, pp. 109-110.
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Imagen ilustrativa: Detalle del fresco El sermón y las obras del Anticristo (Luca Signorelli, Catedral de Orvieto, 1500-1504).
