¡FELIZ DÍA DE PENTECOSTÉS! Hoy celebramos la plenitud de la Pascua...

Hoy celebramos la plenitud de la Pascua con la solemnidad de Pentecostés. Ante las actuales concepciones eclesiales de carácter heterodoxo y antropocéntrico, debemos recordar, hoy más que nunca, que la Iglesia es de Dios; no es, pues, una institución meramente humana ni mucho menos una especie de ONG filantrópica. De hecho, el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, o sea, el divino principio vital del Cuerpo místico. Así como un cuerpo sin alma se convierte en un cadáver, la Iglesia sin el Espíritu Santo sería estéril y no tendría vida sobrenatural.
En efecto, el Paráclito sostiene, purifica, fortalece, ilumina y vivifica sobrenaturalmente la Iglesia y también nuestros corazones; Él es el dulce huésped del alma.
Bajo mi punto de vista, la salida de la presente crisis de la Iglesia debe pasar necesariamente por una eclesiología mística que sepa centrarse de nuevo en Cristo y en el torrente de amor que brotó de su costado abierto en la cruz, de donde nació la Iglesia. Así como de la costilla de Adán se formó a Eva, del costado del Verbo encarnado, el nuevo Adán, se derramó el Espíritu Santo, para formar la Iglesia, la nueva Eva y Esposa de Cristo, llegando a penetrar en plenitud, el día de Pentecostés, hasta sus propias entrañas místicas, a fin de fecundarla con su gracia septiforme.
¡Ven, Espíritu Santo, ven, divina claridad, e ilumina, con un rayo de tu luz celestial, la intimidad de las almas que te ansían!
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Imagen ilustrativa: vidriera en ámbar que corona el Trono de San Pedro (Bernini) en el Vaticano.
