Resulta más que patente el actual aborregamiento de las masas...

En la etiología del fenómeno, encontramos muchas causas y motivos, pero aquí simplemente voy a señalar uno de ellos: la falta de amor agapé sacrificial y oblativo, reemplazado éste por el amor eros sensual y egoísta. Es por el amor agapé y no por el eros que el hombre es capaz de arriesgar su bienestar y su vida personal por el bien común y por la verdad. Sin embargo, la sociedad actual, impregnada de hedonismo y con un pánico patológico al sufrimiento, prostituye lo más virtuoso, honorable y sagrado por lo políticamente correcto o el consenso democrático, como si la verdad estuviera sujeta al sufragio universal. De hecho, por la capitulación de su inteligencia, el hombre hodierno, adocenado y substancialmente mediocre, termina por hacer una opción fundamental por una vida vertebrada por la mentecatez; la prefiere a costa del honor de sí mismo y el amor a la Verdad. He aquí, pues, la disolución del hombre en la imbecilizada sociedad de masas.
Es preferible, pues, por dignidad personal, ser tildados de ovejas negras, pese a que este hecho comporte el desprecio del populacho borreguil. Como muy bien exclamaba Gustave Thibon, «¡antes el dolor que la estupidez!».
