@Pedro_Torrijos: El Museo Judío de Berlín es un...
@Pedro_Torrijos
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Feb 01, 2025
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Daniel Libeskind se había casado con Nina Lewis un año antes de acabar la carrera. La conoció en el Camp Hemshekh de Nueva York.
El Hemshekh era un campo de verano patrocinado por el Bundismo socialista: la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Rusia y Polonia.
El Hemshekh era un campo de verano patrocinado por el Bundismo socialista: la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Rusia y Polonia.
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Quizá se propusieron esos proyectos para visibilizar un estado de tranquilidad, comprensión y paz; un bálsamo arquitectónico que ayudase a sanar la herida más profunda del país.
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Daniel Libeskind, judío polaco, no quería la paz ni la tranquilidad. Sabía que la herida no se curaría por la construcción de un edificio.
Confiaba en que la herida se curaría pero, para conseguirlo, no había que ocultarla ni taparla.
Confiaba en que la herida se curaría pero, para conseguirlo, no había que ocultarla ni taparla.
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El Museo Judío no tiene puerta de acceso ni salidas visibles al exterior. Se llega a través de un paso subterráneo.
Dentro hay 60 quiebros en 60 secciones, que el propio Libeskind dice tomar de los sesenta giros que aparecen en la “Calle de dirección única” de Walter Benjamin.
Dentro hay 60 quiebros en 60 secciones, que el propio Libeskind dice tomar de los sesenta giros que aparecen en la “Calle de dirección única” de Walter Benjamin.
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Y te ves obligado a pisarlas para atravesar el espacio.
Y cuando las pisas, suenan.
Y cuando las pisas, suenan.
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Porque es muy difícil creer que la guerra que Libeskind no vivió por apenas un año, pero que experimentó a través de la historia, y aún más cerca, de su propia familia, no modelase el otro gran vacío accesible del Museo Judío de Berlín: la Torre del Holocausto.
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Como al resto del edificio, a la Torre del Holocausto no se llega por ninguna puerta y no tiene ninguna salida al exterior. Apareces dentro desde un pasillo en el sótano.
Y dentro no hay nada.
Y dentro no hay nada.
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Porque en el Museo Judío de Berlín, Daniel Libeskind, judío polaco, ha renunciado a la tranquilidad, a la comprensión y a la paz. Pero no ha renunciado a la luz.
La luz, como en el principio del Génesis, es omnisciente. Está en todos lados y sin ella no hay nada.
La luz, como en el principio del Génesis, es omnisciente. Está en todos lados y sin ella no hay nada.
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Y muchas gracias por leerme, de verdad ❤️
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#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves (aunque hoy es viernes porque estuve de vacaciones hasta ayer) desde el soleado barrio de Villaverde.
Fin del HILO 🌩️☀️
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