REICHSBANK SOCIEDAD ANONIMA En su libro sobre las bases del...

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Marco Antonio@FascismoSocial
8 views Jan 13, 2025
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REICHSBANK SOCIEDAD ANONIMA

En su libro sobre las bases del nacionalsocialismo, Gottfried Feder destacaba el hecho de que el “Reichsbank” no era, como todos los ciudadanos del Estado pudieran creer, realmente, un banco estatal sino una sociedad bursátil, cuyo consejo asesor
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estaba compuesto, exclusivamente, por representantes del mundo de los grandes bancos y de la comunidad judía internacional que, para el analista bávaro, ambos constituían el mismo círculo de personas. Ya en su fundación, en 1873, el primer consejo asesor registró entre
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sus 15 miembros a 11 capitalistas judíos (Rothschild, Bleichroder, Mendelssohn, Plaut, Oppenheimer, Warschauer, Zwicker, Stern, Gelpke, etc…). De nuevo, fue un ingenioso movimiento de ajedrez con el que el banquero que aconsejaba a Bismarck, Bleichroder, recomendó al antiguo
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canciller del Imperio alemán, que el “Reichsbank” no se desarrollara como una institución estatal porque, de este modo, el enemigo no podría apropiarse del mismo en caso de guerra, ya que sobre la base del capitalismo internacional, se reconocía la seguridad de la propiedad
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privada, mientras que si fuese un banco estatal se mantendría vulnerable a un ataque del enemigo. En realidad, el inteligente asesor hebreo, junto con los otros grandes financieros, deseaba que el principal instituto financiero del “Reich” entrara en su esfera de poder. Los
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capitalistas tuvieron éxito y el gobierno germano renunció totalmente a uno de los elementos más importantes de su soberanía, el derecho a la emisión y acuñación de moneda. Así, afirma Feder, el “Reichsbank”, bajo la presión de los banqueros internacionales, se hizo totalmente
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independiente del poder político estatal y el gobierno del “Reich”, no tuvo la posibilidad de actuar de manera decisiva en la dirección del banco emisor del Imperio alemán. La esclavitud de los Estados nacionales hacia los intereses crediticios supone su sometimiento al
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capitalismo internacional y, por tanto, la ruptura de esta servidumbre usurera y bursátil es, con mucho, la mayor tarea del nacionalsocialismo. Todo lo que sucede hoy en las comunidades nacionales y en la economía mundial, se convierte en una demanda de intereses prestamistas de
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grandes capitales contra el trabajo productivo. Si se construye un ferrocarril, se obtiene un préstamo del mismo, si se lleva a cabo una guerra, se obtienen préstamos de guerra, si se desarrollan recursos naturales o energía hidroeléctrica, se obtienen préstamos para la energía
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hidroeléctrica, si se funda una nueva empresa autónoma, el empresario solicita un préstamo crediticio para solventar sus gastos iniciales, si se amplía una fábrica, se emiten nuevas acciones bursátiles y se elige una forma de sociedad anónima capitalista, que permite que el
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trabajo y el riesgo fluya hacia los obreros y los gestores de la fábrica, mientras que la mayor parte de los beneficios se desplaza hacia los especuladores financieros internacionales. Así, todo lo que sucede a nivel mundial, se convierte en valores que generan intereses
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crediticios. Desafortunadamente, señala el teórico germano, los banqueros del mundo tienen un gran apetito y los valores bursátiles son su comida favorita, mientras que los trabajadores y los empresarios pasan dificultades entregando la plusvalía generada con su esfuerzo laboral
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al banquero prestamista y al especulador bursátil. Los capitalistas internacionales continúan parasitando sobre la riqueza de las naciones y no piensan abandonar su norma usurera, por lo que esta regla de servidumbre y esclavitud de los Estados nacionales al interés del dinero,
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debe romperse para poder alcanzar el pleno empleo y satisfacer la demanda social. No obstante, según Feder, para que esta exigencia sea satisfecha es necesario que la emisión de moneda, función del Banco Central o “Reichsbank”, sea nacionalizada y esté controlada por la autoridad
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política. Las élites financieras, en virtud del dominio que ejercen sobre las élites políticas del sistema liberal, benefician a las rentas de capital, pero perjudican a los trabajadores, a los empresarios y a la producción nacional. El discurso liberal para impedir que la
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política monetaria quede bajo la dirección estatal, pretende que los bancos emisores sean independientes del gobierno nacional, tal como sucede en los Estados Unidos, pero frente a este discurso capitalista liberal, que obedece al dogma individualista de la no intervención en el
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mercado y que favorece a los intereses de la alta finanza internacional, los nacionalsocialistas proponen que la política monetaria se someta a las directrices políticas generales y, a través de ellas, al interés común de la nación.
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