FINANZAS PUBLICAS En este capítulo de su libro “El Estado Nacional...

Marco Antonio@FascismoSocial
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Jan 16, 2025
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internacional la escandalosa cifra de 7.596 millones de libras esterlinas con un pago anual de intereses de alrededor de 350 millones de libras. Francia le debía en total (deuda más los intereses) a sus acreedores, la cantidad de 279.000 millones de francos de oro y los
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Estados Unidos, la tierra bendita del dólar, soportaban una deuda pública de alrededor de 16.000 millones de dólares. El analista germano continúa señalando que lo mismo sucedía en Canadá, Australia, Italia, Checoslovaquia o Polonia, porque en todas partes encontrábamos la misma
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imagen miserable de una deuda desesperada. Feder aseveraba que los ministerios financieros de la totalidad de los Estados nacionales, estaban ocupados implacablemente en buscar nuevas medidas impositivas que paliasen la situación, pero el economista alemán consideraba que toda
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resistencia era inútil ante el capital usurero internacional, que obligaba a los gobiernos a oprimir cada vez más a sus pueblos con cargas fiscales sin precedentes. No obstante, según Feder, en lugar de atreverse a poner fin a este enorme fraude internacional con un
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elocuente ¡NO! La injusticia se convirtió en ley y las naciones en esclavas del capitalismo financiero anónimo. A continuación, Gottfried Feder recuerda como Alemania, tras haber conseguido su unidad nacional, la calidad de los productos germanos y el trabajo incansable del
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pueblo alemán conquistaron los mercados mundiales, inquietando a los grandes representantes del capital prestamista francés y británico, como la familia Rothschild y otros magnates de la banca hebrea, así como también a los capitales de las sociedades bursátiles estadounidenses
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de los semitas Kahn, Loeb, Speyer, etc, que se vieron seriamente amenazados en su rentabilidad financiera. Por tanto, el mundo de las grandes finanzas con el apoyo de la masonería internacional decidieron el cercar a Alemania, utilizando la difamación y la mentira, presentando al
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Imperio alemán como el enemigo de la paz y la cultura en el mundo, donde el monarca británico y su gobierno no era más que unos simples peones en este juego de ajedrez capitalista. Las pasiones se avivaron contra Alemania, tanto en Gran Bretaña como en Francia, conduciendo a una
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guerra que estaba perdida de antemano para el pueblo germano, porque, a pesar de su poder militar, nada se podía hacer contra las intrigas del capitalismo y la masonería internacional. La superación militar de Alemania era naturalmente el objetivo de Francia y la destrucción de
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la potente armada alemana, el objetivo estratégico de Gran Bretaña, pero por encima de estos objetivos imperialistas franco-británicos, ambas potencias estuvieron siempre luchando por el gobierno mundial de los intereses esclavistas del capital prestamista internacional. Así,
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continúa Feder, mientras las naciones se desgarraron en una lucha salvaje y la sangre de los soldados fluía por los arroyos en los campos de batalla, el capitalismo mundial hebreo estaba en movimiento esperando pacientemente el tiempo de la recolección. Las altas finanzas
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sufragaron la guerra mundial y en todos los países, los escribas judíos, desde las oficinas de las grandes editoriales internacionales, presionaron, mintieron e instigaron para enfrentar con gran saña a unas naciones contra otras. Desde el este europeo arribaron en Alemania un
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enorme flujo de judíos orientales, que acapararon, defraudaron y se enriquecieron, apoderándose de todo lo que pudieron conseguir, fortaleciendo sus posiciones dentro del aparato del Estado y de la economía nacional. La desmoralización interna en Alemania fue igualmente liderada
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por personalidades judías, como Haas, Dittmann, Cohn, Luxemburgo, Barth, Parvus-Helphand, Eisner, Levien, Gradnauer, agitadores suversivos, apoyados por ambiciosos delincuentes y aventureros criminales. De esta manera, afirma Feder, la nación alemana finalmente colapsó desde
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adentro y la estrella de Judá se levantó con la sangre de la última nación que había resistido a la brujería de las finanzas internacionales, que se inclinó ante el espantoso yugo de los dictados del tratado de Versalles, que condujeron a Alemania a la siniestra esclavitud de los
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intereses prestamistas del capital internacional. En este capítulo de la obra de Gottfried Feder, parece que el autor no solamente esté relatando los orígenes de la Primera Guerra Mundial,
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sino que también estuviese profetizando las causas del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial y de todas las guerras futuras.
